“Si hacés una obra para ‘decir cómo son las cosas’, es un panfleto”

En el patio de su casa, meticulosamente preparado para la entrevista, Fernando Nieto Palladino, biólogo de formación y creador de profesión, nos recibe sin dejar de fumar ni de tomar mates para hablar sobre su última obra, Juegos Mecánicos, en el marco del FIDAE.

 

 

 

 

¿Cómo analizás el mundo actual en el que vivimos?

Cuando hablamos de algo tan global siempre termino en el mismo pensamiento: no sabemos nada. La población no sabe nada y la información la tienen cuatro personas. Creo que al final eso es un buen resumen. No soy un idealista. Sin embargo, creo que uno tiene la misión concreta de hacer su alrededor un poco más agradable y saludable. Pero eso está en una escala, no creo que el mundo se pueda cambiar, porque las decisiones no están en las personas: están mucho más arriba. Por ejemplo, no vamos a dejar de tirar bolsas de plástico al mar hasta que se dejen de fabricar bolsas de plástico.

¿Sos creyente?

No soy creyente no (duda) pero me gustaría, creo.

Y llegado su momento, ¿te gustaría resucitar?

¡Claro! ¿A quién no le gustaría tener una segunda oportunidad? Me pasó algo parecido después de la obra. Me sucedió un incidente en la calle. Me vinieron a robar. Me lastimaron muchísimo y estuve cerca de morir. Nadie creía que iba a sobrevivir, ni los médicos. Yo estaba despidiéndome. Despertarme fue como casi esa sensación de resucitar. De hecho, me gustaría resucitar 20 años después de haber muerto.

¿Qué es el etodrama?

Es un sistema de creación escénico–dramática pensada para actores. Busca generar material en base a lo personal, pero también activando una zona del comportamiento que tiene que ver con el instinto biológico. No es improvisación pero se aleja del guión. No se pretende parecerse a un personaje o abandonar una mala postura, al contrario, toma todo eso y le da un sentido. Esto se inicia con Grotowski como parte de una corriente que abandona la semiosis como elemento para la creación y aparece la materialidad. El actor está en el centro de la producción escénica y no el dramaturgo o director.

¿Qué referencias culturales tenés?

Leo poco teatro. Me gusta mirar cine. Están los grandes clásicos, naturalmente. Los leí, me gustan y siempre están ahí: Shakespeare como gran referencia. Después, me gusta mucho el cine de David Lynch -en particular Sinécdoque-, Lars Von Trier, David Cronenberg. No sé si justo ellos están presentes, pero Donnie Darko sí está muy presente en Juegos Mecánicos.

¿Podrías decir que tu obra tiene conexión con El Aleph de Borges?

Si, leí casi todo de Borges. Pero casi que no me acuerdo de nada, porque fue así: yo me vine a Montevideo con diecinueve, tenía un compañero de cuarto que se había comprado un cajón con la obra completa de Borges, pero lo había comprado porque era barato, no sabía ni quién era Borges. Lo iba a vender y, ante ese peligro, me  empecé a comer durante madrugadas enteras los libros uno por uno. Tenía un matete de Borges en la cabeza. A la semana, creo, desapareció el cajón.

En una nota dijiste que preferís no trabajar con actores ¿Qué pasó en Juegos mecánicos? ¿Cómo y por qué surgió el cambio?

Porque también es la primera vez que yo no actúo, creo que yo traté de moverme del lugar donde estaba para poder aprender. De todas maneras, sostengo lo que dije en su momento: prefiero trabajar con no actores.

¿Cómo fue esto de no estar dentro de la obra?

Fue muy difícil porque yo (de actor) no dirigía desde el “bueno hagamos esto o esto otro”. Era mucho más desde compañero de escenario, en el momento. Tenía la posibilidad de dirigir desde el juego directamente y no desde la palabra. Ahí me encontré con esos límites súper difíciles. En Juegos Mecánicos los tres actores son muy distintos. Entonces, “la palabra” es siniestra. Vos decís algo y esta resuena de manera muy diferente porque vienen de teatros distintos, de historias artísticas distintas. La palabra es muy difícil de manejar para dirigir, aunque digo muy poco a los actores. Soy muy sintético, la palabra tiene que ser muy clara. Juegos Mecánicos es la primera obra que veo de afuera y siento una sensación de vértigo y de tensión  por no poder hacer nada, que no soportaba. La cabeza me va a mil pero desde la platea no se puede hacer nada, el estreno fue funesto. Después me fui relajando, pero no me gustó tampoco. No lo voy a hacer más. Lo padecí. Me sale mucho mejor cuando estoy adentro.

¿Planteaste tu trabajo partiendo de una hipótesis que se va viendo demostrada en la obra?


Sí, en el proceso de creación no tenés respuestas desde el principio. Es como una investigación. A veces ves trabajos donde se tienen todas las respuestas desde el minuto cero. No hay creación ahí. Hay creación cuando descubrés algo nuevo como artista. Si hacés una obra para “decir cómo son las cosas”, es un panfleto. Siempre parto de una pregunta existencial que va tomando forma. Difícilmente puedo decir que terminé un proceso y tengo una respuesta. Aprendo a pensar mejor. Es como el conocimiento o la ciencia. Es verdad que siempre me ha sido natural.

En Juegos Mecánicos, el destino no es manejable científicamente. Infinitas posibilidades se dan a partir de pequeños detalles.

Vos hablás de la teoría del caos donde nunca se saben las condiciones finales sabiendo las condiciones iniciales. No es humano predecir completamente. Es como el efecto mariposa: un cambio chiquito puede producir un gran fenómeno. Y sí, esa es una de las posibilidades. La otra posibilidad es creer que las cosas siempre vuelven a su orden. Por ejemplo, si intento modificar el curso de un río, tarde o temprano, el río volvería a su cauce natural. Esa es una visión más de destino. Quieras o no, las cosas van a ser de una manera. Hay en Juegos Mecánicos una confrontación de estas dos ideas. ¿Tengo la posibilidad de manejar mi destino? ¿O me va a llevar la corriente? Y sí, todos nos vamos a morir. 

¿El teatro lo hacés por amor al arte o tenes intenciones como biólogo?

Vivo del teatro, es mi trabajo. Si hay amor al arte pero también hay amor a la ciencia. Cuando empecé a hacer teatro estaba sí mucho más vinculado en interés personal, creía que si hacía teatro iba a tener más posibilidades de ver de cerca los procesos creadores que me interesaba estudiar. Pero al final quedó el teatro en primer lugar y la ciencia quedó como un hobby, sigo leyendo mucha ciencia porque me gusta, la disfruto. Antes era al revés.

Jacobo Calvo y Estela Arriola