Oscuridad y humo

 

 

 

 

 

Oscuridad y humo envuelven a los espectadores en la pasada hacia sus lugares, atravesando el escenario. Luces tenues y dos bailarines salen a escena, enfrentados uno al otro, entre cómplices y rivales. De repente, comienzan a mover sus cuerpos con toques que recuerdan a algún tipo de arte marcial combinados con movimientos bruscos, vehementes, que poco a poco van transformándose en pasos más sutiles hasta que entra en escena el resto de la compañía para comenzar una actividad de alternancia entre actuación en grupo e individual, entre vehemencia y sutileza de movimientos. Todo ello, acompañado por una iluminación y una puesta en escena acorde, que da la sensación de un mundo aparte.

Así comienza Indiviso, obra de danza de la compañía inDANS, bajo la dirección de Inés Dantes que se presentó en la sala Victoria el viernes 6 de octubre, en el marco del FIDAE

La música también genera ese otro mundo en que se desarrolla la obra, que incluye ritmos marcados e invitan a participar, desde las butacas, al público que involuntariamente mueven sus pies. La composición incluye otros ritmos de percusión más lentos que proponen un descanso para todos desde el público hasta los bailarines.

Saltos, giros, personas corriendo en círculos, diagonales, superposición y repetición de movimientos alternados con sutileza y técnica conforman la pieza. El conjunto da lugar a la imaginación y a la conexión con diferentes situaciones, cotidianas y extrañas, reales y fantasiosas. Una temática de la obra podría consistir en el ejercicio de la labor de actuación individual o en pareja –sin importar sexos, géneros ni cuerpos-. Otra temática, la interacción entre los individuos del grupo, siempre marcada por movimientos más sinuosos y la sensualidad provocada en consecuencia. La masividad, la grupalidad, la unión y la división, el individuo como tal y el individuo en sociedad.

La función termina con la construcción de un pequeño castillo iluminado desde dentro valiéndose de una especie de tablillas de plástico, que se habían utilizado como herramientas para el baile y la relación entre los cuerpos en movimiento. En ese juego fueron construyendo, intento tras intento, una especie de edificio. Una unidad compuesta por cada uno de ellos. Mientras el resto baila justo delante del público. Belleza llamarán algunos a esas dos imágenes simultáneas.

En ocasiones cuando la obra se desata y el caos se apodera del escenario. El caos se apodera también de los bailarines, con momentos de confusión que no empeñan para nada al conjunto del trabajo realizado, desorden ocasional o planificado, que deja dudas.

Jacobo Calvo y Estela Arriola