JUNTOS PERO SEPARADOS

 

Fotografia: Santiago Bouzás.

Nos siento a todos bastante incapaces, bastante huérfanos para poder llevar adelante la vida, y me conmueve contar esas historias.

Próximo, la obra del dramaturgo argentino Claudio Tolcachir, se presentó el pasado martes en la Sala Principal del Teatro Solís. El argentino vuelve a Montevideo después de dos años a presentar esta obra.  En entrevista con Télam y Tv Show, el dramaturgo consideró que habla “del amor de pareja o hacia un proyecto, sobre la fe de construir algo en medio de un planeta ruinoso” y también de “la soledad, porque estos personajes están cada vez más solos en sus universos”.

Próximo, como se presenta en el programa, es “una historia de amor a la distancia”, donde los personajes de Pablo, un argentino indocumentado que vive en Australia sin siquiera saber inglés; y Elián un actor español en ascenso de buena familia, se conocen a través de las redes sociales y comienzan algo así como una relación amorosa a distancia. Nos preguntaremos, ¿Podemos amarnos sin tocarnos, sin olernos, sin conocer la piel? así como lo hizo Tolcachir al escribir la obra y es eso lo que nos deja entrever. “¿Qué pasa en el cuerpo cuando el afecto sucede siempre lejos, más allá de nuestros límites?” Pasa Próximo.

Hay una escenografía sencilla, simple y cotidiana. Lo imprescindible para vivir. Vemos a los actores en el mismo escenario, en la misma cama, abriendo la misma heladera, con el mismo escritorio. Pero no lo están, están juntos pero separados por kilómetros y kilómetros de distancia, por culturas distintas, por niveles y formas de vidas distintas, en estaciones y horarios distintos. Conectados a la red, solos, porque su entorno no les permite ser quienes son, porque no pueden comunicarse con el de al lado, porque no les entienden o porque no lo entienden. Están solos y a medida que pasa el tiempo se tienen uno al otro, y eso es lo único que tienen. “Me parece interesante que te enamores de alguien que nunca pudiste tocar, lo cual lo vuelve más desesperante”, dice el autor a tvshow acerca de la obra.

En el escenario no se miran, no se chocan ni por casualidad, construyen mundos separados y los espectadores lo ven. Ven la casa de Elián, el cuarto del padre de Elián sin agregar nada a la escenografía. Vemos el trabajo de Pablo, vemos los niños (que existen porque el personaje los nombra) que lo rodean en su nuevo peor empleo. El texto lleva al espectador a experimentar las realidades de los personajes, a identificarse con uno u otro, porque al fin y al cabo es una historia de amor, y es lo que pasa cuando alguien quiere a otra persona.

Por otro lado los personajes conmueven, generan ternura, y divierten, los chistes en cuanto a las diferencias de cada lugar son la clave, los modismos de cada uno, las extravagancias del actor y la ingenuidad del argentino en algunos casos.

También hay desilusiones, Australia no parecía ser el lugar donde progresar, al menos no para Pablo, el padre de Elián no era tan perfecto, algunos encuentros no se pueden predecir, y así como en la vida real y en la obra pasó con el público del Solís, la obra del porteño tan bien comentada en las críticas no pareció llegar a los espectadores. Por los pasillos se escuchaba “no me llegó realmente” “me pareció una historia muy Disney” y una señoras mayores decían “Y es como son ahora, es lo que pasa. La inmediatez, de que todo el dia se comunican por ahí. Si quieren algo lo buscan y piden por ahí”

Y de esa visión pesimista por qué no ver lo bueno que nos dan las conexiones, la esperanza de conocer a alguien y no sentirse solo. La reflexión sobre la obra es a posteriori, es cuando llegás a tu casa y la tecnología te permite ser como el personaje.