Historias que se tejen entre notas

Fondo negro, haz de luz violenta al centro del escenario y cuatro focos amarillos ambientaban la escena.  De a uno fueron apareciendo con su instrumento, con su herramienta para traspolarnos al espacio de encuentro. Tres violines, un chelo, un contrabajo, una guitarra, una  batería y un percusionista hindú; ocho músicos que tomaban postura para que los sentidos comiencen a vibrar.

Cada músico se presentaba con su estilo propio, la vestimenta variaba, pero no su color, todos estaban de negro menos las piernas de Malakian que lucían un vaquero plateado, un pañuelo de colores que colgaba de su cinto con lentejuelas y en sus zapatos, cordones rojos.

Ara Malikian es un violinista libanés con ascendencia armenia, que voló desde Madrid, España este sábado 22 de abril al Auditorio Nacional del Sodre para hacerse presente con su histórico violín, trayendo consigo un manojo de historias que se fueron tejiendo al compás de las notas.

Entre temas clásicos como de Led Zepellin, Radiohead, Johan Sebastian Bach, “Misirlou” de Pulp Fiction, sumado a un tango uruguayo, y temas propios, Ara nos iba a contar la historia de su violín.

Un violín que narró historias de vida, de personas que se encuentran, otras que ya no, o siquiera que no existen. Un violín que en la vida de Malikian “pocas cosas pasan fuera de él”.

El artista nunca dejó de contextualizar sus temas, cada canción escondía una historia que era revelada. Historias de su país y de otros países, historias donde intervenía la política, la religión y realidades sociales; historias personales y familiares, varias, que una irrumpían directamente con el violín, ese violín que en sus manos sostenía y que lo hacía volar.

Compartió la historia de su abuelo, que viviendo pleno genocidio armenio pudo escapar al encontrar un violín, y siendo único sobreviviente de toda su familia, exilió a Líbano teniendo un hijo y nieto, de los cuales fue heredado su instrumento. Pero la historia del violín no quedaba ahí, Malakian más adelante viviendo la guerra del Líbano también tuvo que escapar de su país de origen, y nuevamente gracias al instrumento que nos citó este 22 de abril, pudo estar parado en la sala Eduardo Fabini. Cerró la anécdota diciendo: “ojalá los inmigrantes puedan tener un violín que les salve la vida como a mí y a mi abuelo”.

Malakian también nos presentó a su padre y hermana como polos opuestos en cuanto a gustos musicales, un padre fanático de Beethoven y una hermana fanática de ACDC. Se crío entre estos géneros y decidió ser auténtico, ni hacer rock metálico ni tocar música clásica, ser Ara Malakian.

Fotografía de Martín Pereira.