He nacido para verte sonreír o de cómo encontrar el consuelo en el horror de los otros

Una cocina hiperrealista con celestes puros evocando una maqueta de revista de decoración de hogares y un entramado que envuelve ese espacio, ramas secas que cubren la morada y tapean ventanas. Un nido de tallos deshidratados cuelga enmarañado sobre la mesa. Una madre verborrágica hilvana reflexiones y vomita pensamientos sin filtro, mientras, junto a su hijo, esperan la llegada del padre quien lo llevará a un hospital para que se recupere de su trastorno mental. Una despedida entre dos seres que no se encuentran en un mismo lenguaje. Una constante contradicción entre mundos disimiles.

Así como en el drama rural Barranca Abajo de Florencio Sánchez, se proyecta una perspectiva popular de derrumbe del nido, He nacido para verte sonreír también manifiesta una óptica de desplome del hogar pero desde un punto de vista de clase media. “Se deshace más fácilmente el nido de un hombre que el nido de un pájaro” decía Don Zoilo antes de tomar una decisión y autoeliminarse colgado de un árbol. A diferencia de los personajes de este drama contemporáneo, quienes lejos de establecer una resolución, perpetúan la neurosis en el regodeo de la palabrería de la madre, el aullido mudo del hijo y su futuro cercano en un hospital, y el tenaz sonido del motor de una heladera.

Vigor y carácter se desprenden de la dramaturgia del argentino Santiago Loza, en otro de sus conocidos monólogos femeninos, utilizada por el director argentino radicado en España, Pablo Messiez. Una puesta en escena que expone una dualidad de sistemas expresivos completamente distintos. Un universo extraño de esquejes intrincados y otro de exactitud pulcra y aséptica.

Los contrastes se hacen evidentes en manos de la reconocida actriz española Isabel Ordaz con una representación realista, por momentos un poco afectada, casi de televisión, y el manejo corporal que propone el joven actor español Nacho Sánchez. Ordaz logra brillantes ráfagas de lucidez actoral y de fuerte conexión con el público. Sánchez, por su lado, desde el silencio, alcanza imágenes potentes que dialogan con el discurso verbal de la actriz.

Es inevitable mencionar un desmayo ocurrido el pasado domingo 8 por parte de una señora del público, ocasionado posiblemente por la temática de la obra. La extrañeza de la situación, que lejos de volverse una emergencia, fue confusa y pareció aletargar un instante eterno. Nacho Sánchez se encontraba en soledad en el escenario y permaneció inmóvil, observando algunas partículas moverse en el aire, el actor no dejó de actuar. El equipo del teatro resolvió la situación y la función continuó.

“A veces uno encuentra el consuelo en el horror de los otros”, vocifera la madre. Consolarse sería en este sentido presenciar el espanto, expurgar las penas y hacer catarsis, para tranquilizarnos. Tal vez la afectación momentánea de los cuerpos sea una de las intenciones del director. Sin embargo, empatizar con alguno de los dos personajes y expurgar las culpas asistiendo al teatro podría funcionar como sedante. Quizás, el peligro que ofrece la obra sea el de liberar la conciencia del público por un par de horas y que este vuelva con sosiego al hogar, espectantes y cómodos de no ser esa otredad que nos refleja, no reproducir el horror ajeno y permanecer estáticos ante las miserias del mundo.

Inés Durán

He nacido para verte sonreír de Santiago Loza dirigida por Pablo Messiez se presentó en el marco del Festival Internacional de Artes Escénicas del Uruguay, el 6, 7 y 8 de octubre de 2017, en la Sala Hugo Balzo Auditorio Nacional del Sodre. Coproducción entre Uruguay y España beneficiada por Iberescena.

Reparto: Isabel Ordaz y Nacho Sánchez.

Producción: Teatro de La Abadía e Ignacio Fumero Ayo

Escenografía y vestuario: Elisa Sanz

Iluminación: Paloma Parra

Diseño de sonido: Nicolás Rodríguez

Ayudante de escenografía: Paula Castellano

Ayudante de dirección: Domingo Milesi