Hablemos de lo que nos pasa

Entrevista a Sergio Peris-Mencheta y Marta Solaz, directores de A voz en cuello.

La cita fue en el Hotel Esplendor, en pleno centro de la ciudad. Las agujas no marcaban aún las once pero ya nos encontrábamos frente a frente con los artistas. Un saludo cómplice nos envuelve tanto a artistas como entrevistadores, ya que parece extraño nunca habernos visto antes en nuestras vidas y ahora, en menos de un día, tener dos contactos tan intensos.

Una pequeña sala en el palier del hotel fue el espacio elegido para nuestra conversación: una mesa de vidrio pequeña en el centro, tres butacas ampliamente confortables y un sillón de tres cuerpos, reservado casi en exclusiva para Marta. Pues precisamente, ese espacio, combinaba de manera eficaz con su postura de admiradora, casi una pensadora de Rodin, escuchando y contemplando las palabras que salían de los labios de su compañero.

Constantemente tomamos posición, ya sea expresando lo que pensamos o desde el silencio, que también dice mucho: ¿cómo afecta las posibilidades laborales de un artista una cosa u otra?

Sergio: Siempre es más fácil que no peligre el trabajo desde el silencio. En España hay una clara estigmatización respecto a hablar, a posicionarse – no necesariamente a nivel político, aunque todo es político- pero sí decir lo que uno piensa sobre lo que pasa. Yo creo que el motor más genuino que hace que uno quiera ser actor es el hablar de lo que pasa, sanar el mundo desde el arte y desde el escenario en este caso. Yo creo que el teatro está hecho para escupirle la verdad al mundo y hacer teatro- como yo lo entiendo- es tomar partido, incluso cuando hacés una obra de mero entretenimiento. Pararse en un escenario a decir el texto de un autor es posicionarse. Para mí lo ideal es encontrar el punto medio entre el entretenimiento y el panfleto político, porque el teatro de por sí ya es, como digo, tomar partido.

Yo creo que el teatro es el último refugio para entender el arte y la vida misma.

¿Cómo se está manejando el asunto de la Ley Mordaza en España?

Sergio: Hay bastante movimiento- sobre todo por parte de la izquierda española- para derogar esta ley que ellos llaman “Ley de seguridad ciudadana”, pero a su vez está todo paralizado. El miedo de los gobiernos a que el pueblo se pronuncie hizo que muchos partidos políticos se pusieran de acuerdo en crear una lista de puntos que atentaban concretamente contra la libre expresión. La Ley Mordaza es otra forma de callar a la gente, y permitir que hablen sólo de lo que se quiere que se hable, es muy rentable tanto para unos como para otros.

En España el cine está en manos de la televisión, y la televisión está absolutamente mediatizada por los grupos de comunicación. Por lo tanto, es muy difícil que se pase ningún tipo de información. Incluso los programas más “objetivos” como los informativos están totalmente influenciados. Ahora mismo es muy difícil informarse de lo que pasa en el país a través de los propios canales. Sirve más hacerlo mediante canales internacionales.

En A voz en cuello ustedes apuestan a dejar de lado lo visual, televisivo, a lo que el público está acostumbrado, habilitando otros sentido.

Marta: El antifaz tiene que ver con anular la vista que se relaciona con los juicios, y despertar otros sentidos que a cada uno lo llevan a un sitio distinto. Es una propuesta abierta que realmente busca llevar la radio al teatro y escuchar la radio en comunidad. Es como probar cómo sería ser ciegos durante cincuenta minutos; compartir la incertidumbre, no sabemos qué va a pasar pero estamos acá y estamos juntos.

Sergio: Yo creo que la vista prejuzga, prefabrica y controla; y se trata de no ver lo que está pasando, perder un poco el control de lo que sucede. Confiar.

Cada vez es más difícil acaparar la atención del espectador, habiendo series con capítulos de treinta minutos ¿Cómo hacen entonces para mantener la atención del público casi una hora basándose únicamente en lo auditivo?

Sergio: Hay algo que pasa cuando uno entra al teatro, que hace que de donde vienes, se corte: tú entras a la Catedral de Notre Dame y hay algo energético que te pide silencio. Yo creo que el teatro es también ese lugar, donde hay un escenario con alguien que hace que se comulgue un montón de gente en ese momento y uno está atento a lo que está pasando, porque sucede aquí y ahora. El cine no. El cine está grabado, pero el teatro ocurre ahora, puedo tocarlo, estamos todos en lo mismo.

Creo que realmente cuando empieza la función el espectador corta con lo que pasa afuera: el móvil, el Whatsapp, la conversación que traía antes de llegar al teatro. En el momento, en que entrás a la sala se tiene que entrar en lo sagrado, pero para eso se debe implicar al público siempre de alguna manera: hacer que entre en el juego, juegue con nosotros y a la vez incomodarlo en el mejor sentido. Retarlo. El actor es aquel que está dispuesto a mostrar su presente al espectador, mientras que el espectador, no. Por eso es público: viene a que le muestren un trocito de vida, no viene a mostrarse.

¿Desde un principio buscaron este teatro vincular con su productora Barco Pirata?

Sergio: Para mí desde un principio no fue pensado. Fue ver la característica común entre los trabajos y ver en ellos la vocación de contar lo que pasa.

La necesidad de montar una productora y dirigir tiene que ver con la posibilidad de formar parte del armado del plato, es decir, un actor está al servicio de un texto que ha escrito otro, bajo el punto de vista de un tercero. También, tiene que asumir que debe decir el texto como otro dice que debe hacerlo, moverse como decide el director, y al hablar las palabras que salen de su bocaque las ha escrito un autor. O sea, es un intermediario, ni más ni menos.

El deseo por dirigir surge de un querer volver a jugar – a mí me encantan los juegos de mesa- no solamente en un tablero creado por otros, sino yo mismo crear un juego y establecer las reglas, que a su vez están en permanente evolución porque somos un equipo que está creando este plato. Todos aportamos nuestros ingredientes individuales que van a hacer de la obra que hagamos la versión particular de este elenco, diferente a cualquier otro. Evidentemente esto a veces choca con lo comercial, es decir, A voz en cuello no es un espectáculo comercial ni pretendía serlo.

También tenemos lugar para lo comercial porque si no hacemos una función con caras conocidas y un poquito de comedia intentando colar sutilmente algo de lo que pasa, probablemente no podamos hacer luego los proyectos que nos interesan más. Y como están las cosas hoy en España no puedes permitirte ser muy “off”, “underground”, porque entonces no vas a poder hacer lo siguiente.

¿Cómo hacemos para acercar al público al teatro?

Sergio: Yo creo que hay una solución muy clara y es sacar al teatro del recinto al que se llama teatro, porque una de las cosas que impide que la gente acuda es que hay que entrar a un lugar – parece una tontería, pero es una realidad – no sólo hay que pagar una entrada sino ingresar a un lugar cerrado, a oscuras; y además donde hay un riesgo relacionado a que puede pasar cualquier cosa.

Iván Viana y Eugenia Fajardo