Fito Páez

Antes de que Fito Páez presente La Ciudad Liberada en el Teatro de Verano, analizamos su nuevo trabajo discográfico.

“Vivir y amar en la Ciudad Liberada”. Sobre esta frase del poeta argentino Néstor Perlongher (1949-1992) es que Fito Páez construyó su vigesimotercer álbum de estudio, La ciudad liberada.  Formado por 18 canciones en una hora y diez de música –algo inusual en tiempos donde la música se escucha principalmente en streaming-, el músico argentino se plantea un regreso a las letras políticas, una temática que en los últimos años había dejado de lado para centrarse en canciones centradas en el amor (como Confiá, de 2011, o Dreaming Rosario y Yo te amo, ambos de 2013).

La puerta de entrada a la ciudad liberada abre con “Aleluya al Sol”, una canción en la que Paéz celebra el movimiento de #NiUnaMenos: “Chicas en América / en la cruz del sur/ estallaron la revolución / todo el mundo en las plazas con banderas gritan ‘que no haya ni una menos’”. En otro momento de la canción, Paéz también canta “porque todos los hombres seamos mujeres / al menos un segundo”, una frase que se relaciona directamente con la portada del disco, un montaje fotográfico que muestra al rostro del cantante sobre el cuerpo desnudo de una mujer. Si bien la canción tiene una letra optimista, hay que admitir que el sonido pop y los coros que constantemente repiten la frase “Sha Na Na Na/ Aleluya al sol” produce que la letra principal quede en un segundo plano. 

En el comunicado de prensa que Paéz publicó cuando lanzó “Aleluya al Sol” como primer sencillo del álbum, el músico se preguntaba “¿se puede en estos días crear un himno a la esperanza?”.  Con la idea de “estos días” el músico se refiere a la oscuridad que hay en el mundo en la actualidad, y sobre estos temas le dedica varias canciones, que terminan transformándose en los mejores capítulos del disco. Por eso del optimismo de “Aleluya al Sol”, Paéz pasa directamente a la desesperanza en “Navidad Negra”, donde sobre una base rockera que recuerda a “Ciudad de pobres corazones” (1987) canta: “Navidad negra 2017 / El mundo explota en los cinco continentes / Navidad negra del dolor / Navidad negra ¿en dónde está el amor?”.

“Islamabad” –uno de los mejores temas del disco gracias a su carga lírica- mantiene la idea de un mundo en crisis, donde la tensión va aumentando a partir del acompañamiento de cuerdas, golpes de batería y una letra que habla sobre la guerra de Siria, la colonización y los desaparecidos.  El punto culmine llega cuando se nombra a La Ciudad Liberada: “¿Oíste hablar de la ciudad liberada? / Para llegar, tenés que andar / Cruzar el mar y mil montañas/ Es una ciudad de oro, nadie te asegura nada”. Tras nombrar este lugar utópico, la música se convierte en un rock fuerte en el que se combina a una orquesta con la distorsión de la guitarra de Diego Olivero para producir un sonido explosivo.

Una canción que repite la fórmula de “Islamabad” es “La Ciudad Liberada”, el pilar del álbum. Con un comienzo tranquilo en el que una guitarra acústica acompaña las palabras, Paéz recuerda la experiencia de haber cantado en el refugio Monteagudo en 2015 (ubicado en el barrio Parque Patricio, de Buenos Aires) y ver un cartel que decía “la calle no es un buen lugar para vivir, mucho menos para morir”. Entre las injusticias que describe sobre la indiferencia de vivir en la calle, la canción llega a lo explosivo, nuevamente con el rock como camino, para llegar a la frase “Quiero vivir en la ciudad liberada / donde el amor explote en todas las plazas Quiero vivir en la ciudad liberada/ donde a los pibes no les metan más balas”.

Al contrario de las injusticias y el dolor que protagonizaban las canciones ya nombradas, el amor toma el lugar en canciones como “Tu vida, mi vida” (con un base ochentera de beat preciso de batería y un colchón de teclados que recuerdan a “No soy un extraño” de Charly García), “Plegaria” y “La mujer torso y el hombre cola de ameba”, que podrían mostrar que el amor es lo que más se acerca a esa ciudad liberada que el músico tanto ansía.

Sobre el final del disco llega “Se terminó”, un tema alegre en el que el músico recupera la esperanza al decir que “tocan los Rollings en la Habana/ y la revolución cubana pega un giro más hermoso y profundo”. También se retoma a Perlongher, que además de poeta fue uno de los fundadores y de los referentes del Frente de Liberación Homosexual en Argentina, al hablar en tono irónico sobre que en la actualidad vivimos con “transexuales, maricones, subnormales, y toda clase de freaks nauseabundos”. En seguida dice: “No se asuste señora de la cacerola, se le terminó / Welcome to the jungle, fear, en el Siglo XXI”.  En ese sentido, el objetivo del poeta sobre “vivir y amar en la Ciudad Liberada” se hizo realidad. Por último, como una especie de epilogo, el álbum cierra con la instrumental “5778” –el año nuevo judío, que coincide con 2017-. Este tema tiene un sonido que recuerda a los pianos de La la la (el álbum que Páez grabó a dúo con Luis A. Spinetta en 1986) junto con el aire cinematográfico de Pubis angelical (una banda sonora realizada por Charly García en 1982). Como cierre y homenaje, el músico susurra la frase “buenas noches, felices sueños”, que son las mismas palabras que García utilizaba para cerrar su primer disco solista, Yendo de la cama al living (1982).

 La ciudad liberada se publicó en noviembre del año pasado y rápidamente fue tildado por la crítica como “el mejor álbum de Fito Páez en 20 años”. Si bien hay que admitir que hay algunas canciones que entorpecen la línea narrativa del álbum (como “Bohemia internacional”, el pop onírico de “Wo, Wo, Wo”, “El secreto de su corazón”, “Chica mágica” y “Los cerezos blancos”), el resultado es excelente, ya que muestra cómo  el músico retoma la crítica social y política que lo hizo famoso con álbumes como Giros (1985) y Ciudad de pobres corazones (1989), y la mezcla con canciones de amor. Hay que destacar que a lo largo de la carrera del músico, la unión entre estas dos temáticas fue la que le permitió grabar algunos de sus mejores álbumes: Tercer Mundo (1990), El amor después del amor (1992), Abre (1998), y, ahora, La Ciudad Liberada (2017).

Quienes concurran esta noche al Teatro de Verano para ver el inicio de la gira Tu vida, mi vida podrán comprobar cómo estas nuevas canciones se mezclan con los clásicos de 30 años de carrera de uno de los músicos más prolíficos del rock argentino.

Rodrigo Guerra