Bruno Pereyra

Bruno Pereyra, 31 años, actor profesional desde 2009, ha actuado en obras tales como OR – Tal vez la vida sea ridícula de Gabriela Calderón y Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur de Santiago Sanguinetti, entre otras. El día martes nos recibió junto con su hija Roma, en el patio de su casa del barrio Palermo para contarnos acerca de Tebas Land, la obra de teatro de Sergio Blanco estrenada en 2013, y que vuelven a hacer un par de veces por año, en esta ocasión el 4 y 5 de abril.

— Tebas Land fue estrenada en 2013 y desde ese momento la han estado haciendo ¿Para vos cómo es estar tanto tiempo haciendo un personaje?

— En realidad fue la primera vez que hice tanto tiempo un personaje, y la obra es muy particular. Tebas Land, la obra, para nosotros fue muy particular en el sentido de que no la hicimos mucho, la hicimos muy poco. El dispositivo que tiene permite no aburrirte o no cansarte tanto como otras obras que son más estrictas con la cuestión de la letra y todo eso – nos responde mientras su hija, Roma, corretea al lado nuestro jugando – no es como otras obras que hice anteriormente. Esta obra siempre tuvo algo especial, porque fue como que de la noche a la mañana estrenamos. Sabíamos por todos los lugares por los que teníamos que pasar pero no teníamos ningún pie. Entonces como que recién ahora, en estos últimos dos años, le estamos agarrando la métrica. Vemos el video, y sabemos que tenemos que hablar acá y acá, entonces como que tarda un poco en aburrirte. Pero ya quizá sea un poco medio tedioso.

— En una entrevista radial vos decías que la obra busca no la representación, aunque habla de ello, sino que busca la naturalidad de los actores. Entonces en este tiempo ¿Has notado un cambio y decir “bueno ahora sí. Estoy actuando con naturalidad sobre el escenario”? ¿Cómo fue ese proceso?

— En realidad no es naturalidad, porque la obra no es naturalista puede ser más realista, pero no naturalismo. El naturalismo quiere representar tal cual es la vida y esto es más realista. Pero si había un estar que él pretendía, que tenía que ver no con la representación sino con la presentación. Nosotros tenemos un papel, que siempre leemos, que dice: “No representar, presentar. No actuar, contar.” Ese si es más fuerte, no actuar contar; y otro más que nunca me acuerdo, siempre me acuerdo de esos dos. Lo que hace es permitirnos estar, estar en el aquí y ahora. Y estar vivo y decir: “ta”. Pero él nunca nos pidió una naturalidad, siempre nos pidió estar, presentar y contar una historia. Presentar con todo lo que ello conlleva. No digo que ahora actúe con naturalidad, pero sí me cambió mucho la percepción que tengo de la actuación, que era muy diferente a la que yo tenía. Yo venía haciendo obras que tenían un pie, una estructura que Tebas Land me modificó un poco y me hizo entender que la verdad no está en la reproducción mimética sino en el aquí y ahora.

— La obra tiene partes que buscan distender un poco, pero la risa aparece cuando se nombran esas carencias que tiene el preso, cuando se nota que es un marginado, en esas situaciones. Entonces ¿por qué crees que eso, más allá de la exageración, es lo que causa risa?

Silencio, piensa la respuesta mientras se toma un mate, y responde

— En realidad… pienso que hay algo en los personajes de Martin y Federico que genera cierta empatía con el público y cierta ternura por momentos. Entonces me parece que esa risa no es que sea descalificadora por la intelectualidad del preso, sino como un juego más tierno entre esos dos personajes. Esa es mi idea. También cuando Saffores me cuenta la historia de Edipo le digo “yo no lo conozco, nunca lo vi”. Le pregunto si está preso porque mató a su padre y también hay risa. Pero creo que más bien las risas vienen de la ternura. Porque en la Cárcel también pasa lo mismo. O sea,cuando ves tú realidad ahí no creo que te dé mucha gracia, sin embargo los presos también se reían. Me parece que hay algo de empatía con los personajes más allá de reírme por verlo de afuera.

— ¿Y crees que el teatro sigue siendo elitista?

— Y sí. Si porque el teatro, es lo que dice Bartís, está bueno porque es un arte minoritario. No es el fútbol. A mí me encanta el fútbol. No es el fútbol, no es el Carnaval. Que son de alguna manera grandes espectáculos, para muchas personas y para todo tipo de personas. El teatro es para un puñado de gente, pero porque la concepción del teatro fue así. Capaz que en Grecia era otra cosa, pero la representación empezó con Dionisos dentro de unos pocos, después se hizo como más… carnavalero. Carnavalero en el sentido de que había mucha gente, y si no le gustaba te tiraban tomates, y había tipo un concurso, ¿no? Pero yo creo que sí. Las entradas del teatro no las puede pagar todo el mundo, hay algo de elitista. La forma en que se consume es un poco elitista. La forma en que se hace, no. Nosotros hacemos teatro con lo que podemos, con lo que tenemos, con lo que nos dan. Con Roberto, con mi pareja Vicky cuando hicimos Lavandera, cuando hicimos Silencio hacíamos obras sin plata. Buscando cómo financiarnos, haciendo fiestas. Yo creo que la forma en la que se hace no es elitista. Ahí creo que el carnaval es más elitista, porque tiene más plata. Además mucha gente piensa que el teatro es declamación y es aburrido. Que es drama. En otros círculos se cree eso. Capaz que más de otra época, no sé si de la dictadura porque yo no vivía. Pero hay algo del teatro, y la representación del drama que capaz que condiciona un poco a la hora de acercar gente. Ahora bueno con esto de los liceos se abre más, están los artísticos. Capaz que ahí hay un poco más de recepción para otros planos. En la función había 180 gurises de liceo público. A la obra de la Comedia también van liceales a verla, capaz que por ahí se expande más. Por otro lado, hay mucha gente haciendo teatro, está de moda actuar. Por ese lado también se expande.

— ¿Ella (Roma) ha ido a ver tus obras?

— No. Sí, ha ido más chica a ver teatro en el aula, porque yo hago teatro en el aula. Ha ido a ver alguna. Y ha ido al teatro también. Hay una anécdota muy linda, nosotros estamos reabriendo el Odeón, que es escombros ahora. Por eso cuando le digo de ir al teatro ella piensa que el teatro son los escombros. Entonces, la quería llevar y le decía: “Vamos al teatro, vamos al teatro”. Y ella: “No quiero ir al teatro, quiero ir a la placita” con voz de haciendo puchero. “Pero es otro teatro”, le decía yo y cuando la llevé al teatro piró.

— ¿Te gustaría que haga algo de teatro?

— No, me gustaría que haga lo que quiera. Uno inconscientemente le da esas herramientas. Pero no, que haga lo que quiera.

— ¿Tebas Land te hizo repensar un poco algunas cosas acerca de vos como padre?

Piensa dubitativo la pregunta hasta que responde:

— No, no tanto porque primero me agarró antes de ser padre. Entonces lo asocié más con mi padre que conmigo siendo padre. Después cuando fui padre al conflicto lo había tenido antes. Como que no me hizo pensar eso. Me hizo pensar que ya estaba un poco más grande. Que me sentía más grande. Entonces como que no asociaba mucho ese personaje conmigo, si bien soy yo. Después se me pasó, fue un momento. Es que justo en ese momento volvíamos de hacer ocho funciones afuera para hacer acá otras ocho y fue esa vez, cuando nosotros volvíamos, que Vicky empieza a tener contracciones. Al otro día estrenábamos y mi hija nació el mismo día de la función. No sé, estaba ahí y en un momento dije que quería ir (a la función), pero después en un momento no tenía ganas. Saffores que es padre me dice: “Negro, olvidate. Vamos a suspender”. Y suspendimos. Claro al otro día no entendía nada, era padre, iba a hacer la obra.

 

— Esta pregunta te la tengo que hacer: en algún momento de tu vida ¿Quisiste matar a tu padre, de algún modo?

— Y sí, todos queremos matar a nuestro padre en algún punto –cita la obra para responder –. No, hay algo interesante que nos dijo Marta Labraga, que es una psicóloga zarpada, que nos fue a dar una charla. Nos dijo que la relación con los padres siempre va a ser conflictiva, o sea desde el momento que se concibe es conflictiva. Porque el acto sexual de alguna manera tiene connotaciones sexuales, si bien hay veces que se hace pensando y  queriendo tener un hijo. El hecho presente en sí tiene connotaciones sexuales. Entonces desde el momento que se concibe hay un conflicto, ya hay una idea que está corrida. Y después a medida que vas creciendo siempre está. Cuando te quieren mucho, porque te quieren mucho y querés más libertad. Cuando te dan mucha libertad, querés más cariño, querés estar más cuidado. Entonces como que siempre hay algo corrido. Y me parece que ahora sé que hay conflicto (risa) sé que tengo que empezar a trabajar distinto como padre.

— ¿Cómo fue el trabajar con cámaras? ¿Cómo fue ese proceso?

— Fue muy natural. Todo el proceso en sí. Grompone es el que hace las cámaras, él es un tipo que trabaja el lenguaje audiovisual en vivo y fue quien nos llevó a trabajar de una manera natural, era un actor más, nosotros lo llamamos el tercer actor. Empezamos con un juego, él nos mostraba lo que filmaba, nosotros teníamos la cámara y jugábamos con él. No sé, le hacíamos ciertos planos para que fuera también creando, jugando. Las cámaras en la obra dicen mucho también, nosotros la citamos, hay imágenes. Es más mi ataque de epilepsia lo hace Grompone en las cámaras, yo me tapo los ojos  y las cámaras empiezan a hacer “psssh”

Es como una dramaturgia en audiovisual en vez de actoral.

— Bien, y en el escenario pasás todo el tiempo de Martín a Federico. En ningún momento se baja el telón, nunca salen ustedes de la escena, siempre están ahí, ¿cómo fue para vos pasar de un personaje a otro y que el espectador entienda?

— La primera vez que nos juntamos a leer la obra, la leímos toda, Grompone preguntó: “¿Pero cómo se va a diferenciar él de Martin y Federico? ¿Se va a poner un gorro por ejemplo y en el otro no?” Y Sergio dijo algo muy interesante, que me quedó un poco grabado, porque yo tampoco sabía cómo hacerlo cuando lo leí. Dijo que el cambio era actitudinal, que no era una cosa que yo me transformaba, no. Era actitudinal y esto fue lo que a mí también me cambió un poco la perspectiva de actuación, que en realidad, son partes de mí esos dos personajes. O sea, yo por más que pueda llegar a ser otro, soy yo, y ahí comprendí que también la concepción de la actuación parte desde uno. A veces en las escuelas te hacen ir en busca del personaje. Entonces vos vas y tratás de componer algo que está alejado de vos, y el trabajo es buscarle la conexión. Yo lo que digo es ir para atrás, venir para uno y de ahí salir. Eso es lo que es. Ahí “yo” soy yo con diferentes actitudes y encontrás eso de mí que hace ser otro. Porque también comprendimos que el “yo” es situacional y es múltiple. No soy lo mismo contigo que con mi hija. Entonces hay diferentes “yo” dentro de mí que conozco y otros que no y me parece que la actuación lo que te permite es encontrar esos que no; pero que sabés que sos. Entonces yo me paraba en una actitud diferente cuando estaba con Martín y cuando estaba con Federico. La mirada, la postura me cambian naturalmente y entonces el trabajo fue eso, y así también lo fue llevando Sergio.

— ¿Volverías a trabajar con Sergio Blanco?

— Si obvio, seguro. Es un crack, re volvería sí. Es algo que sí haría.

— ¿Qué es lo que más te ha dejado Tebas Land en todos estos años, a nivel personal y a nivel actoral?

— En lo profesional me ha dado mucho laburo, hemos viajado mucho, yo actué en Perú y desde que actué ahí me llamaron para dar clases allá. Entonces empecé a dar clases en Perú. En lo personal al cambiarte la concepción profesional, la concepción de la actuación y del teatro. Te cambia la vida, vos te parás diferente en la vida cuando comprendés ciertas cosas de teatro y cómo es una filosofía comprendés ciertas cosas de la vida también. Así que siempre fue positivo, siempre fue lindo, siempre fue bueno. Nosotros siempre jodemos que todos en el proceso de Tebas Land tuvimos una hija, Grompone, Saffores, Florencia, la asistente de dirección y yo. Nos convertimos en padres y madres. Hay algo de esa mística que también le da un plus a Tebas Land, ¿no?

— Bien, ¿Tenes idea de cuándo se volvería a hacer Tebas Land?

— No, eso surge meses antes. Ahora tal vez hay otro viaje a Colombia, pero no sé. Este año seguro que no porque no hay más fechas, pero no sé. Yo ahora estoy con este proyecto de Roberto que nos está implicando mucho trabajo porque vamos a reabrir un teatro que se prendió fuego, entonces las posibilidades empiezan a ser menos para viajar o lo que sea. No sé cuántas veces más o si la vamos a hacer en algún momento, el año que viene podría haber dos funciones. Pero capaz que el año que viene voy a estar estrenando entonces no sé bien. Todavía no sé cuándo la vamos a hacer y si la vamos a volver a hacer

— Y acerca de tus nuevos proyectos ¿Nos contás un poquito más?

— Estoy actuando con Roberto, con un grupo divino, para reabrir el teatro Odeón con una obra que se llama “Mi entierro” por ahora. Son cinco obras que vamos a hacer durante todo el año, yo estoy ahora con la cabeza puesta ahí. Después también estoy haciendo un laboratorio teatral que arranque el otro año con unos alumnos y ellos se coparon y seguimos otro año más, ya arrancamos el viernes pasado. También voy a dar unos seminarios en Perú este año y después es por ahí, por ahora no es más que eso.

Bueno estas eran las preguntas. Muchas gracias, a los dos, a Roma también.

Fotografía por Estela Arriola y Santiago Bouzás.

 

Estela Arriola