“El simple hecho de poner una obra en escena ya es un gesto político”

Entrevista a Aline Kuppenheim

La actriz chilena Aline Kuppenheim estuvo en Montevideo para presentar Feos, el tercer proyecto de Teatro y su Doble, una compañía teatral que busca darle un nuevo significado al trabajo con marionetas. Charlamos con ella sobre la influencia de Mario Benedetti en la obra, cómo se para la sociedad frente a las diferencias, por qué el teatro es político y cómo la marioneta apela a mecanismos innatos del ser humano.    

 Fotografía: Manuel Dalmas

Un hombre y una mujer se ven por primera vez en la fila de un cine. Los dos tienen deformidades, están solos y durante toda su vida soportaron la mirada juzgadora del mundo. Bajo la idea de la empatía, ambos toman un café mientras comparten sus experiencias y, finalmente, deciden pasar la noche juntos en un lugar oscuro en búsqueda de lo que la luz impide ver: su belleza interior.

Inspirado en el cuento La Noche de los Feos, de Mario Benedetti, y con la colaboración del dramaturgo Guillermo Calderón, Feos está protagonizada por marionetas a escala, un trabajo que la compañía chilena Teatro y su doble viene realizando hace 12 años con el objetivo de dejar atrás la concepción de que la marioneta se utiliza únicamente para espectáculos infantiles.

–  Feos está inspirado en La noche de los feos, el cuento de Mario Benedetti. ¿Qué te llamó la atención de ese texto?

Yo lo leí a los 15 años, pero luego el cuento me volvía a la mente cada cierto tiempo, por ejemplo, en la escuela de teatro. Luego de terminarla, la guardé en un cajón y ya; pero por esas cosas azarosas de la vida empecé a investigar en el lenguaje de las marionetas hace ya 12 años y, entre otras cosas, descubrí que la marioneta es capaz de ejecutar de manera creíble cosas que tal vez un actor no logre hacer, por ejemplo, ser deforme. 

Así que buscando en mi memoria material algo que me permitiera desarrollar esa capacidad de las marionetas de hacer cosas que los actores no pueden lograr tan verídicamente, encontré en mi cajón ese cuento de Benedetti y quise usarlo.

– La noche de los feos tiene solamente dos páginas. ¿Cómo lograste adaptar el cuento a una obra de teatro?

Como desafío me parecieron fascinantes las características de los dos personajes, junto con la profundidad y la solidez del cuento. También me llamó la atención las diferentes miradas que se le podía dar al texto desde la marioneta. Así que empecé a trabajar con el esqueleto que el cuerpo propone y, como no se me da la dramaturgia, pensé en un dramaturgo que pudiera completar eso que Benedetti nos esconde: él describe solamente una conversación larga que los personajes tienen, pero sólo algunas características, como que la charla es descarnada y un poco cínica. Entonces llamé a Guillermo Calderón para preguntarle si tenía algún tiempo para completar y transformar el cuento en una obra dramática que tuviera una duración y las condiciones perfectas para poder ser ejecutar por marionetas; afortunadamente aceptó y me entregó el texto que pudieron ver en el escenario.

– Generalmente se asocia a las marionetas con los espectáculos para niños. ¿Cómo han  trabajado en Teatro y su doble para modificar esta concepción?

Es un proceso largo, pero efectivamente partimos con ese pie forzado, que es que la marioneta en Chile y en Sudamérica está siempre muy vinculada al universo infantil. Parecía difícil proponer un lenguaje que no tiene mucho desarrollo en nuestro país, que es el de rompe y raja para adultos. Nos parecía que teníamos que hacer una transición, pero  a la vez nos interesaba trabajar para niños. Por ejemplo, El capote [de Nikolái Gógol], que fue nuestro primer montaje, no es un texto para niños porque es un texto crudo. Sin embargo, incorporamos a los niños y adaptamos la obra para que pudiera haber un punto de encuentro entre niños y adultos. La segunda obra que hicimos con Teatro y su doble, que fue La cuerda floja, también  es familiar pero lo aborda desde el duelo, centrándose en  la relación entre el adulto y el niño y cómo ambos miran el mundo de distintas maneras.


Así que creo que de a poco hemos ido cambiando esta idea. En El capote venían  las familias con los niños, pero luego empezaron a venir adultos solos, y esa fue la señal para darnos cuenta de que era momento de proponer a los adultos un espectáculo de marionetas y que entendieran que iban a ver un espectáculo para adultos. De ahí surge Feos.

– ¿Cómo se trabaja para lograr que las marionetas transmitan emociones en escena?

Lograr que una marioneta exprese emociones es muy difícil, y además disimularlas es un desafío todavía más grande. Tuvimos que investigar mucho en nuestros propios mecanismos como actores. Como en la compañía todos somos actores, nos concentramos en encontrar los signos de la emoción para que el público los pudiera decodificar desde la marioneta. Eso es algo técnico y un poco misterioso que se produce con las marionetas, porque de pronto sientes que está respirando, viviendo y sintiendo cosas.

– El trabajo de la compañía con las marionetas partió desde lo autodidacta. ¿Cuánta gente forma parte del equipo?

Entre técnicos, actores, manipuladores y realizadores somos 14 personas, pero en el taller donde fabricamos las marionetas somos entre dos y tres. Nos lleva bastante tiempo trabajar en las obras y, efectivamente, fue un trabajo autodidacta porque no hay escuelas de marionetas en Chile, mucho menos de este tipo.

Fue una búsqueda, más bien desde el ámbito teatral con la marioneta como herramienta; ya había una noción del resultado final que queríamos y la marioneta era el vehículo para llegar a eso, entonces necesariamente tenía que ser autodidacta porque teníamos que encontrar el camino para llegar a un resultado. Creo que para eso no hay fórmulas: cada marionetista hace la marioneta que necesita para su resultado.

– Yendo al contenido de Feos, ¿cuál posición toma la sociedad frente a las diferencias?

Creo que es un gran tema que ha evolucionado de maneras muy diversas. Antiguamente, a estos niños [con deformidades] los escondían; ahora tienen un poco el salvoconducto para poder insertarse en la sociedad. Aun así, la pregunta es: ¿Somos malas personas o es algo atávico? ¿Queremos discriminar o es algo que viene con la especie? Nuestra culturización nos enmarca de otra manera frente a esos temas, pero sigue habiendo algo un poco arcaico en nuestro comportamiento al respecto. Es muy cruel el tema, y no solamente con la gente que sufre discapacidades, sino que con las personas normales.

Además, el público se siente identificado a pesar de no tener un hoyo en la cara. Tal vez porque en algún momento de nuestras vidas todos nos hemos sentido así. Por ejemplo, el adolescente que tiene cuatro kilos de más sufre horrores. A partir de la autopercepción varias veces nos hemos sentido monstruosos.

– ¿Cómo es la situación en Chile para conseguir fondos para una obra? Me imagino que ya debe ser complicado, pero con marionetas el desafío debe ser mayor.

Son fondos concursables del Estado, del Ministerio de la Cultura, que se llama FONDART. Cuando ganas tienes un financiamiento, evidentemente no suficiente, pero sí te ayuda para parar una obra de manera bastante óptima. Cuando no lo ganas, como es el caso que nos pasó con Feos, tienes que buscar fondos. En general la empresa privada no se interesa mucho en el teatro porque no lo ven interesante desde el punto de vista comercial ni ideológico. En general, las empresas están relacionadas a la derecha y lo primero que cortan es la cultura.

– ¿Sentís que las obras de Teatro y su Doble presentan temas políticos?

Sí, por ejemplo El Capote es una obra profunda y solapadamente política. Es un cuento para niños pero es una obra que habla de la burocracia y de la condición humana en el sistema en que vivimos: habla sobre un hombre que muere por no tener un abrigo. Igualmente, el simple hecho de poner una obra en escena ya es un gesto político: es apelar al alma humana, apelar a lo más esencial del ser humano y no a su condición de consumidor; eso ya es política, es el opuesto del capitalismo, ya que se pone en el centro al ser humano en su integralidad, con su intelecto, sus sentimientos y su cuerpo.

– ¿Han presentado Feos en otros países?

Sí, hemos estado en Portugal. Como esta es una obra bastante reciente, no la hemos llevado mucho a otros lados. Era un desafío venir a Uruguay por el hecho de que fuera un texto de Benedetti. Nos preguntábamos cómo iba a ser tomado el hecho de que Guillermo Calderón haya intervenido en el texto, quizás algún ortodoxo lo haya tomado como una falta de respeto, pero al parecer el público lo recibió bien.

– ¿Cómo fue la experiencia de presentar Feos en Portugal?

La obra se hizo subtitulada y la recepción fue muy parecida a la de todos los lugares donde la llevamos. Lo que plantea Feos es un tema muy universal, al igual que la marioneta. Yo siento que la marioneta es algo tan atávico, porque existe desde que existimos nosotros: fue una de las primeras cosas que se nos ocurrió inventar. La marioneta apela a la capacidad de mirar el mundo de forma metafórica, entonces lo que despierta en el espectador es algo mucho más profundo que lo que logran los actores, porque gatilla un mecanismo que es muy antiguo. Por esta razón, las reacciones de un portugués, de un chileno o de un uruguayo son similares: la marioneta es algo muy humano.

 

Por Rodrigo Guerra