El orden de las puertas

JÓVENES CRÍTICOS (2)

Entrevista a la mezzosoprano uruguaya Adriana Mastrangelo, intérprete de Judith en El Castillo de Barbazul, ópera de Béla Bartok que cuenta con la dirección escénica de Marianella Morena y con la actuación de Hernán Iturralde como Barbazul. Este espectáculo es acompañado por la Orquesta Filarmónica de Montevideo, bajo la dirección musical de Ligia Amadio. El Castillo de Barbazul da inicio a la Temporada de Ópera del 2018 del Teatro Solís.

¿Mozart o Beethoven?

Mozart.

¿Puccini o Verdi?

Verdi.

¿Zitarrosa o Rada?

Ah, qué difícil. Zitarrosa. Me gustan los dos, pero Zitarrosa.

¿Gardel o Piazzola?

Gardel.

¿Barítono o Tenor?

-Riendo- Tenor

¿Opera o Reggaetón?

¡Opera!

¿Qué consideras lo más exigente de cantar Béla Bartok?

Es todo exigente. Cantar en húngaro, un idioma muy lejano y con sonidos muy distintos a los nuestros. Entender cómo utilizó las palabras en la música, rítmica y melódicamente. Tiene una armonía muy compleja, cosas modales y politonales. Se debe trabajar mucho para lograr una comprensión suficiente para que suene natural. Una vez lista es muy rica, interesante y profunda.

¿Qué fue lo que más esfuerzo requirió musicalmente y escénicamente?

Fue difícil para mí trabajar con el pedido de Marianella, dentro de su concepto de construir las acciones escénicas a través de la improvisación. Lograr una buena comunicación con la dirección musical estando detrás de nosotros también fue difícil. El texto de Balázs es muy específico: “Abre la puerta”, “Dame las llaves” y nada de esto se veía, todo pasó a ser metafórico, adaptarse a ese nuevo enfoque fue todo un desafío.

¿Qué es lo que más te intriga del libreto de Béla Balázs?

El orden de las puertas. ¿Por qué la primera puerta es una cámara de tortura? Me intriga la reacción de Judith cuando Barbazul le muestra su territorio, sus dominios. Ella, sin expresión, queda impresionada por todo lo que él le está mostrando, en un silencio, sin nada de orquesta y sin expresión. El contraste entre la energía súper explosiva y la reacción en silencio.

Me intriga por qué Judith se entrega a la muerte. La decisión de ella de concretar el amor, consumar la unión con este hombre que sólo se puede dar a través de la muerte, porque él es incapaz de que sea de otra forma y ella se entrega voluntariamente, no se escapa. Cómo muchas veces pensamos que algo que nos destruye es amor. El pacto inconsciente de destrucción entre dos personas. A veces nos sucede también en la vida.

¿Para la ópera, teatros modernos o clásicos?

He cantado más en teatros clásicos, los antiguos me gustan más, pero simplemente porque los mejores en los que he cantado son antiguos.

¿Familia artística u oveja negra?

Mi familia no es de artistas, y siempre fui un poco rara en mi familia. En cambio en mi familia actual somos todas ovejas del mismo color. El papá de mi hija es iluminador y mi hija también es artista.

¿Cómo decidió estudiar en la Escuela Universitaria de Música?

Yo estudiaba Arquitectura y estudiaba con Amelia Veiga, de poco me fue ganando el amor por la música y la ópera. Me pareció que era el mejor lugar para formarme. Di el examen y comencé. Aprendí mucho de los maestros, a quienes recuerdo con cariño, Daniel Maggiolo, quien fue director ahí, Luis Jure, Coriún Aharonián, Graciela Paraskevaídis, y seminarios de Augusto Fernández.

No la terminé. Hice el ingreso al Instituto de Arte del Teatro Colón y me fui antes de terminar la carrera.

¿Qué te inspiró a ser cantante lírica?

La posibilidad de descubrir mi voz, y algo que integrara el espacio, mi voz, mi expresión, el teatro. Fue cantando el coro de Tosca, de Puccini y fue más que nada el placer que me daba hacerlo. Y por suerte, porque siempre el canto fue algo que me impulsó hacia la salud, hacia ganar y crecer, conocer gente increíble y viajar. Tengo una profesión de la que disfruto y que es algo que le deseo a todos, que encuentren algo en lo que son hábiles y les haga bien. Es algo que me construye como persona.

Me acuerdo que tuve una discusión con mi papá. A los padres les cuesta cuando les dicen sus hijos que se quieren dedicar al canto, a la música o al arte. Todavía existe mucho prejuicio hacia que un joven pueda vivir del arte. Hay dificultades, pero no es así. Hay formas y hay caminos. Hay que pelear para que la sociedad valore a sus artistas y les permita desenvolverse y hacer su trabajo. Mi papá me trató de convencer que no, que me dedicara a la arquitectura. Me preguntó por qué había tomado esta decisión y le dije que era lo que me decía mi corazón y dijo: “Ese no es un argumento”. Me dolió mucho pero aun así seguí mi corazón. Muchos años después me dijo: “Qué suerte que lo seguiste”. Lo ideal sería poder hacer lo que uno ama profundamente.

¿Con qué maestros se formó y qué principales enseñanzas le aportaron?

Una frase de Graciela cuando dudaba si irme a Argentina: “Tener un don es tener una responsabilidad”. Uno es responsable del don con el que vino al mundo y desarrollarlo, cultivarlo, hacer lo que haga falta para llevarlo adelante.

Y de mi maestra de técnica vocal, Natalia Zimarioff su curiosidad permanente. El diálogo entre lo nuevo y lo antiguo. Llevar siempre al alumno hacia lo desconocido. Una cosa muy importante que aprendí de ella es la salud vocal. Conocer y respetar nuestra voz. Buscar acercarse al compositor, al poeta, con mucha humildad y respeto. El proceso creativo del intérprete tiene que ver con el bucear en la obra, encontrar la mayor profundidad que uno pueda con lo que está brindándonos un compositor o un poeta. Yo siempre he respetado la palabra, la métrica, las indicaciones. En ese profundo respeto surge la creatividad, la obra. El encuentro con los compañeros, los directores. De adentro hacia afuera, mucha libertad.

¿Consideras que en el siglo XXI aún podemos escribir ópera?

Sí. Hace poco canté una que me encantó. The Raven de Toshio Hosokawa. Una obra del siglo XXI. Con textos de la poesía de Edgar Allan Poe. Tiene orquesta, escena, palabra. Es un lenguaje súper interesante, me gusta mucho ese compositor. Pienso que sí, al fin la ópera es teatro musical. El tiempo dirá.

¿Qué es lo que te apasiona para seguir haciendo arte?

La motivación va cambiando sutilmente, pero en el fondo siempre es lo que me gusta hacer y me resulta interesante. También mucho estrés, pero es muy estimulante. Nunca es igual. Cada obra nos exige aprender cosas nuevas y abrirse a una experiencia nueva. Incluso repetir un rol es interesante, ver qué pasó en el transcurso del tiempo, cómo va creciendo, cómo va cambiando. Nunca es igual. Hace poco canté Dorabella y es fantástico, uno se siente más cómodo, más libre, hay una seguridad, una solvencia que permite jugar más. Ojalá pudiera repetir roles más seguido para ganar esa libertad. Tenemos grandes cantantes que han repetido. Sin tener la preocupación de que se te irá la letra, que te vas a equivocar musicalmente, etc.