El canto popular

Pepe Guerra y Copla Alta en el Auditorio del Sodre

Un martes, de los húmedos de abril, con la sala del Auditorio Adela Reta casi llena por un público expectante, se abre el telón y empieza a sonar la música de Copla Alta. Este dúo conformado por Néstor Moreno y Alejandro Silvera se presenta como la nueva generación del folclore uruguayo, y ha realizado junto a Pepe Guerra una gira por el interior del país bajo el nombre “Olimareños de gira”, que llegó a la capital el 17 de abril.

La primera parte del espectáculo está dedicada a la música de estos artistas que poseen una gran potencia en su canto y melodías que, dentro del folclore, pasan por distintos ritmos. Con ellos están el bajista Fernando Rodríguez Arce, el percusionista Alejandro Turubich y el tecladista Leonardo Araújo, que se ven iluminados por los juegos de luces que crean climas interesantes acompañando cada canción.

Luego de varios temas aparece el esperado cantor, seguido de una ovación de los espectadores, se escuchan gritos como: “¡Te queremos, Pepe!”. Y la efervescencia antes latente ahora se hace evidente. De ese momento en adelante comparten escenario estos seis hombres, interpretando canciones del repertorio folclórico uruguayo más tradicional. El público reconoce las canciones desde los primeros acordes y aplaude cálidamente al principio de cada una de ellas.

Este público cumple un rol activo, presente y hasta protagónico durante todo el concierto. El canto del Pepe Guerra parece el de cada una de las personas de la sala. En esta relación público-cantor se puede ver un sentimiento de identificación mutuo, una sensibilidad común que comparte una emocionalidad; es decir, un conmoverse por los mismos temas y una forma de expresarse similar. Esta sensibilidad que no se muestra a simple vista, que se oculta tras cierta seriedad o bajo perfil, sale a la luz en esta suerte de catarsis del canto que se vuelve colectivo.

Llega la pregunta que se extiende al folclore en general: ¿cuál es el rol de los cantores populares? Parecen tener la voz de un pienso colectivo, en este caso, la voz de una generación que pensó en el compañerismo, que sintió los dolores de los exilios del país o el desarraigo de las ciudades natales. Estos cantores que cuentan historias llegan a ser figuras idolatradas, admiradas: “¡Que dios te bendiga, barbudo!”, grita alguien del público.

La poesía cumple un lugar fundamental en estas canciones que tanto tienen de denuncia. Quizás con herencia de la poesía gauchesca, alimenta las temáticas del dolor, la traición, la muerte, la oscuridad y el coraje como cuestiones intrínsecas a la vida de los hombres. Aparecen también en estas letras paisajes de la naturaleza uruguaya, el monte, el mar, contando y haciendo viva la imagen del interior del país.

Como último bis suena “A Don José”, todos los espectadores cantan emocionados como si fuera un himno, y desde un palco del tercer piso alguien despliega una gran bandera de Artigas que flamea durante toda la canción.

Mikaela Etcheverría