Desde la emoción

 

Entrevista a Dayana Gonzalez de Ser

Dayana González, bailaora, es una mujer con mucha fuerza, se dice una persona sumamente racional, pero la trasciende la emoción y el sentir. Ser, obra que reestrenó en la Sala Hugo Balzo, se trata de esto, del conflicto entre lo racional y lo sensible traducido al lenguaje del flamenco. Aprovechamos el encuentro para hablar de la obra, de la cultura flamenca y de la vida.

Sos una referencia del flamenco en Montevideo, ¿cómo llevás ese rol? ¿De qué manera hacés llegar esta cultura?

El flamenco es un arte mestizo que surge de la unión de diferentes culturas. Dentro de Andalucía diferentes grupos estaban conviviendo en un momento que eran perseguidos tanto moros como judíos, gitanos y andaluces marginales. Además del folclore andaluz que ya estaba establecido, también tiene mucho de lo hindú y del afro. Se puede decir que de toda esa unión surge un estilo totalmente independiente que nace de actividades diarias de estos grupos flamencos que vivían en condiciones bastante penosas, fue su manera de expresarse, de pararse, de manifestarse, de reivindicarse y también de compartir y poder disfrutar de la danza, y la fiesta. Yo la verdad que no me considero una referente dentro del flamenco. Sí me considero una trabajadora del arte flamenco. Antes del 2003 empecé a dar clases y en el 2006 abrí la escuela Zambra Flamenco Montevideo. Lo que trato es de estudiar mucho, para poder transmitir desde el respeto que le tengo a este arte y desde el respeto que le tengo a la gente que lo viene a aprender. Somos muchos los que estamos en ese camino acá, los que trabajamos pro-flamenco. Lo considero un arte muy humano, porque tiene que ver con las penas, con la desesperación, con la desolación, con la esperanza. En mi caso, es eso lo que me está dando fuerza para seguir adelante, es realmente emotivo trabajar con el flamenco. Me emociona; me emociona que la gente lo quiera descubrir, me emociona transmitirlo, me emociona hablar de esto y es parte fundamental de mi vida. Hay familias andaluzas que son consideradas flamencas, las que mantienen el legado, las que van pasando de generación en generación los conocimientos, y acá estamos los flamencos uruguayos, de este arte que no es nuestro pero que tiene mucho de nosotros, nos conquistó y creo que tratamos de transmitirlo y vivirlo de la manera más flamenca posible.

El flamenco transmite mucha fuerza al público ¿qué de la técnica del baile ayuda a transmitir esa fuerza?

Yo no me considero una bailaora técnica, no estoy pensando en el movimiento desde lo técnico, estoy pensando desde la emoción, me considero una bailaora emocional. Justamente, necesito dejar la técnica para poder transmitir y para poder sentir, para poder sentir yo primero y para después poder transmitir, ojalá que todas las personas que a uno lo vean bailar les llegue eso, distorsionado, porque a cada espectador no tiene por qué llegarle lo mismo que siento yo cuando estoy bailando, pero

sí que le llegue una energía que sientan que hay ahí una entrega, hay un dar y hay un recibir, creo que para los que bailamos es fundamental sentir ese recibir del público, del espectador, y obviamente creo que previo a eso hay que dar para recibir, como la vida, igual.

El público parece un elemento muy presente en el flamenco. ¿Cómo se siente esa comunión en este espectáculo específico?

En su origen no había público, era la misma familia o el que cantaba forjando el hierro. El público apareció después porque obviamente todas esas intérpretes necesitaban comer, entonces se dieron cuenta que el flamenco no solamente servía para pasar las horas libres del día o para manifestarse, sino que también s

ervía como una forma de trabajo y ahí es que empieza a aparecer el público, aparecen los cafés cantantes que hoy por hoy son los tablaos. Para nosotros es fundamental que haya alguien como receptor, por la energía. Ser es un espectáculo que surge de un camino que empecé a transitar de búsqueda de luz, porque justo cuando empecé con el proceso creativo del espectáculo fue un momento bastante difícil de mi vida, aproveché ese proceso creativo le di una vuelta a lo que quería hacer con el espectáculo, y terminó siendo lo que es hoy. ¿Por qué es fundamental para nosotros el público? Porque el arte hay que compartirlo, vos podés compartir una vivencia y el público puede hacerla propia. ¿Quién no ha vivido momentos tristes, momentos de locura? Y también: ¿quién no a vivido el poder salir de eso y sentir que las cosas, si uno lo visualiza, pueden salir bien? Nosotros le damos las emociones al público, sin quererlo, porque nos salen, pero con esas sensaciones cada uno puede hacer su propio Ser, su propia historia.

¿Cómo te sentís después Ser?

Soy una persona muy racional. Antes que me pasaran las cosas que hicieron que fuera cambiando el sentido del espectáculo, el comienzo surgió de esta batalla/pelea/conflicto entre mi ser emocional y mi ser racional. Por ejemplo, conecto conmigo cuando me hacen bajar y me hacen ver lo que hay, lo que estoy haciendo, lo que me está provocando, lo que he vivido, lo que estoy viviendo. Pero en el día día no soy así, me pongo el automático y voy para adelante. Por lo general cuando bailo, me pasa de todo mientras bailo, pero cuando termino de bailar vuelvo de nuevo. El año pasado antes del estreno durante toda la mañana tuve muchos momentos de llanto y de planteo de cosas, de sentir ese querer agradecer a mucha gente y agarrarla a los besos. Me pasa que después de bailar no me permito seguir emocionándome, eso la danza me lo da en el en vivo.