De​ ​Indiviso​ ​a​ ​la​ ​danza,​ ​qué​ ​dice​, qué mira el ojo ​o por​ ​qué​ ​gira​ ​un​ ​cuerpo

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía: Luisa Fungi

La compañía InDans, formada por sus estudiantes demuestra, con una propuesta integral, la diversidad de la escuela de danza, donde se involucran tanto profesores y estudiantes, como también algunos invitados destacados. A partir de herramientas creadoras, generan infinidad de espectáculos presentados en diversas salas, tanto en Montevideo y como en el interior del país. En esta ocasión, llegan una vez más al Teatro Victoria con Indiviso, una obra de danza contemporánea dirigida por Inés Dantes.

Atravesando el humo aparecen varios cuerpos, la oscuridad de una sala pequeña deja al público impregnado por los colores rojizos del vestuario y la luminancia fría condensada en la neblina. Indiviso, en su sinopsis, propone la utilización del movimiento para crear atmósferas desde los imaginarios ligados a la subjetividad en su relación con el colectivo: desechos de una impresora 3D, dejan ver piezas faltantes; espacios vacíos, sugieren posibles engranajes y la hiperconectividad del mundo actual; también cuestiona la dependencia e independencia y reflexiona en torno a una posible idea de subjetividad colectiva. Entonces, nos preguntamos: ¿Cómo esta idea, que podría tomar tratados filosóficos y discusiones complejas, se lleva a la danza? Más aún ¿Cómo se elabora esta idea en la obra para llegar al espectador como tal?

El reto de querer llevar una idea al espectador exige ser meticuloso en la toma de decisiones creativas, contemplando todos los detalles posibles, porque es muy difícil saber sortear el complejo entramado de la interpretación. Para ello, se requiere un compromiso con el acto reflexivo, pero también con el ego propio, que debe rendirse y aceptar de que nunca quedarán consagradas ni las ideas propias ni la totalidad de lecturas del público. Por lo tanto, se forma el siguiente cuestionamiento: ¿Es objeto de la danza consagrar ideas, o es una exigencia ambigua del formato de programa? ¿Hay que explicarse bajo la representación y abocar al recurso descriptivo tardío de los actos del ballet? Pasaron siglos, y seguimos recayendo en la abarrotada significación que disfraza esa vieja narratividad, tras suponer que el término “contemporánea” se debe a dejar el relato, manteniendo la narratividad, solo que ahora envuelta en una idea abstracta y pretenciosa.

Para algunos sí, la danza tiene que decir, mostrar, narrar, explicar una idea y sobre todo un concepto lingüístico. Si sale de ahí, ese marco de representación cerrado, cargado de ilustración enciclopedista, por qué no, colonialista, queda relegada a sellos como: “es demasiado contemporánea”, “eso no es arte, cualquiera puede hacer eso” o “solo ellos se entienden”.

Esto se traduce en una crítica de danza que se reduce a si se “entendió algo o no”. Entonces, nos preguntamos ¿Con el ballet, tan explícito y consagrado, se entiende algo? Si, se entiende con algunos braceos mímicos, tres actos y un programa, se entiende la historia en la que Julieta cobra vida, pero ¿Se entiende algo realmente? ¿Se entiende por qué Giselle gira? ¿Dice algo cuando gira? ¿Por qué siguen ufanándose la crítica y el gusto tildando a la danza contemporánea por no tener sentido?Tiene sentido acaso que Odile haga 32 fouettés? No, no dice, ni explica y si vamos a lo mínimo, viene siendo tan poco explícito como un bailarín contemporáneo saltando o gritando. ¿Por qué molesta entonces tanto el juego contemporáneo con el no decir? ¿Es que la sinfonía de Beethoven dice algo? No dice, no explica ningún concepto, y aún así sigue teniendo sentido que Odile gire cientos de veces, y nadie le pregunta por qué gira, y nadie entiende por qué gira, pero gira.

Entonces, llegamos al punto de la danza, en que el movimiento deja de ser explicable, deja de ser contenedor de sentido, para ser otra cosa, ¿Qué cosa? No creo que lo sepamos, mucho menos sabremos explicarlo, simplemente no tiene sentido explicarlo. ¿Quiere entenderlo? Siéntese a ver una pareja bailando y no va a necesitar que nadie se lo explique.

¿Por qué un cuerpo gira? Un cuerpo gira, porque desespera en su terrible condición frontal, y quiere ser el mundo y ser 360 grados. Puede ser una respuesta, o no; tanto como puede haber cientos de respuestas. Pero no gira porque quiera representar un recuerdo, o relatar un suceso, o porque quiera explicar un concepto, que un cuerpo es parte de otro y es indivisible de todos. No se gira, y mucho menos se entiende semejante concepto de un giro. Pero la danza gira, enciende estas representaciones,otras, incluso todas a la vez.

Para hipertextualizar el movimiento, no es necesario una trilla de 500 caracteres que lo justifiquen, el cuerpo tiene de por sí textos, seguramente estos superen lo que pueden contener los caracteres. Por eso mismo están en el cuerpo y no allí. De ahí, la importancia del cuidado y respeto del movimiento, como eje de la danza, su trabajo exige coherencia y compromiso. Crear una coreografía es mucho más que montar sobre una frase coreográfica elementos escénicos: vestuario homogéneo, sin que represente algo más que un juego de cálidos en una paleta de colores baja. Un par de artificios de luces, que tienden más a ser un adorno contra el aburrimiento que un elemento escénico meditado. Una serie de canciones que parecieran tomadas de una lista de reproducción de Spotify titulada “Let´s dance”. Una serie de movimientos seleccionados y recurrentes, repetidos más por obra del azar que por el deseo mismo de desplazamiento, más collage de una clase de técnica donde el movimiento es método para adquirir habilidades, que serán precisamente usadas después, de forma independiente, con cuerpo entrenado, hecho fibra y dispuesto al movimiento más allá de la repetición de fraseos conocidos.

Esta discusión puede observarse en la práctica escénica, cuando en el FIDAE se exponen, dentro de lo contemporáneo, obras que se caracterizan más por sus diferencias que por sus similitudes. El Baile e Indiviso las destacan, en su forma de afrontar al público, la precisión entre música y movimiento, el papel determinante de la hipertextualidad, la minucia entre gestos y sonidos que aportan a la obra, contrapuestas con el trabajo coreográfico de Indiviso, que precisa hilar fino en esa línea. Es una apuesta del FIDAE para traer técnicas distintas, exponentes disímiles, y propuestas alternativas. En este sentido, es un reto para el público cuestionar la práctica y enriquecer la discusión entorno al movimiento y el decir de la danza. Posibilidades en el hacer hay muchas, los artistas ponemos las manos, el cuerpo en juego, pero al mismo tiempo se abre un reto para el ojo que mira.

En cualquier caso, atreverse a ver (y hacer) danza implica estar dispuesto a salir del despotismo intelectualista occidental de las palabras, de la razón y la explicación, donde se justifica sin atreverse a ser, donde se gira por parecer, y se salta por demostrar. Se dice y se comenta, no por compartir en la hoguera, sino por querer apagarla para que se escuche un solo sonido. En este caso, para que se baile sobre un solo silencio. ¿Cuándo nos atreveremos a no ser tan importantes como para pretender la verdad y el gusto?

Un reto para las miradas, los comentarios a la salida del teatro, las etiquetas y los “me gusta”, para pensar la danza, para la curaduría del festival, pero sobre todo, para los Jóvenes Críticos, un reto que más que saber burlar, donde jugársela, pensar y discutir: !Por una crítica desde la pregunta, el juego y la risa!

Luisina Fungi y Ihasa Tinoco