“Ante la poesía, tanto da temblar como comprender”

El lugar del encuentro fue la Sala Atahualpa del Teatro El Galpón, lugar de historia, de resistencia y de arte. Fuimos poco más de una treintena los que, a contracorriente del sentir popular de ese momento, pecamos al presentarnos a la función y no acompañar a la gran masa embanderada, que se preparaba con esperanza para ver las eliminatorias del mundial de fútbol. Antes de traspasar la entrada hecha de cortinas negras, de un negro mate, opaco y profundo, una funcionaria nos otorga a cada uno un paquete cerrado con antifaces, de los que se usan para tratar de conciliar el sueño, para evitar la luz.

Una vez acomodados en nuestros lugares, dos personas aparecen en escena para hacernos las advertencias de costumbre y presentarnos lo que vendrá. “Los invitamos a utilizar los antifaces durante la función”, comenta Sergio Peris-Mencheta, protagonista principal de esta obra, quien a través de su alter ego de locutor, un conductor de radio llamado Leonardo Estévez, nos habla sentado desde un alto banco de madera ubicado en el centro del escenario. A su lado, sentada en una pequeña silla de oficina se encuentra Marta Solaz, con una consola de sonido en su frente, quién será la encargada de ambientar la sala con sonidos planificados. Un tercer lugar está libre, dispuesto en escena, forma parte de la sorpresa que nos presentan nuestros guías.

Es sabido que al privarnos de un sentido tan utilizado, tan bombardeado como la vista, se agudizan otras percepciones, otras miradas, y comenzamos a ver ya no con las cuencas cubiertas por el antifaz, sino con otros mecanismos. Es muy sencillo una vez que se pone en marcha el espectáculo hacer conexiones instantáneas con experiencias tales como el programa de Alejandro Dolina.

El espectáculo radio-teatral se divide en diez programas, cuya duración es marcada por un sonido de corte y su correspondiente saludo de nuestro locutor junto con su elenco de músicos y cantantes del éter radial. Estevez recorre con su relato distintos poemas de Mario Benedetti, entremezclando y entrelazando los textos del poeta con su propio relato de vida. Entre los versos amables y asonantes de Mario, se deslizan reflexiones de diferente talante, pasando desde suspicacias nocturnas hasta llegar a cuestionamientos del ser profundo, presentando de esa manera su forma de ver la vida, a través de la noche radiofónica.

La política cobra un lugar prioritario cuando suena Oda a la mordaza, encarnado en la propio voz de Benedetti, quien se nos aproxima desde vaya uno a saber qué lugar, volviendo a la vida con sus convicciones incambiables. A voz en cuello, entre tantas cosas es una apuesta política, donde se condena la censura, como la mordaza vestida de ley con la que se está subyugando a la sociedad española.

A voz en cuello es una invitación para re encontrarse con la fantasía y con las ganas de imaginar. En momentos donde parece inadmisible detenerse un instante, donde tomarse el exquisito y nunca bien ponderado trabajo de escuchar pareciera no ser rentable. Esta puesta en escena nos detiene en el tiempo y nos traslada a otros lugares. Aunque sea durante una vuelta de agujas, podemos permitirnos recuperar parte de nuestra extraviada humanidad cotidiana. Ha de ser por ello, que al salir del Teatro uno no se siente ajeno al ver las multitudes de gente festejando, en pleno júbilo, por la clasificación a Rusia, porque nosotros mismos y nuestros sentidos, tuvimos nuestra fiesta.

Iván Viana