“Lo mejor que nos puede pasar es que nos juntemos de verdad”

 

El pasado 5 y 6 de mayo se presentó en Uruguay “Furia patria”, una obra Argentina basada en textos de Andrés Binetti y dirigida por Mauro Molina. La obra sucede en el Museo Nacional de Teatro Argentino un museo vacío de visitantes, cuatro personajes que representan diferentes arquetipos sociales. Furia Patria convoca un estímulo constante a la reflexión, una invitación explícita a la mirada individual y social que se tiene de la cultura, una cultura correspondida a un aparato estatal que se desarrolla siempre por y para sostener un sistema económico donde permanece la dialéctica del poder conocida desde siempre.

Tuvimos la oportunidad de hablar con Mauro sobre la obra, sus percepciones y lo que podemos hacer para dejar de reventarnos entre nosotros. Para ser una expresión colectiva, que de acuerdo o no, se respete y se repiense constantemente desde todos sus espacios sociales, para crecer.

Mauro parece un hombre sensible, reflexivo, franco, con los ojos brillantes y las manos llenas de ideas claras, metidas en el hacer. Nos paseó con una sonrisa en la cara por la escena y nos recordó cuánto hay para hacer y cuáles pueden ser los caminos. El reencuentro como inicial y principal recurso para disfrutar y vivir del teatro, sin que nadie saque ventaja a ultranza de un discurso repetido y un pueblo empobrecido de posibilidades y recursos.

¿Cómo vienen, que tal los recibió Uruguay?

Llegamos el miércoles a la noche tarde, tarde… y el jueves fuimos a Maldonado. Ayer hicimos función acá mismo para la formación de público adolescente. Y Montevideo hermoso siempre, la amabilidad de la gente, la buena predisposición; estuvimos la semana pasada en Chile, venimos de gira, contentos con lo que está pasando con la obra.

 

¿Cómo han percibido la repercusión de la obra en los diferentes públicos?

Hay algo que es universal en la obra que puede ser representativas en los distintos países, sobre todo en Iberoamérica. Nosotros estuvimos en España y ahí también pudimos ver una identificación del público con lo que estaba sucediendo, en función al problema cultural que muestra la obra.

Aun así me parece que hay una diferencia en relación a los espectadores, no es lo mismo estar acá en el Solís que estar dentro de un festival en Matucana 100 en Chile, en el principado de Mónaco o en un pueblo de Valencia, los públicos varían, de eso se trata.

En la función de hoy por ejemplo vi un público con el que nosotros a veces trabajamos, pero me acabo de dar cuenta que tipo de público es. O sea que en la función de mañana se potenciarán ciertas cuestiones y eso está bueno porque bien distinta fue la respuesta a la función de ayer que era para liceales.

¿Y qué tipo de público percibiste hoy por ejemplo?

Percibí un espectador que tiene una formación, que está acostumbrado a ver teatro, quizás un espectador más “burgués” y está claro que la obra tiende a interpelar al espectador burgués, entonces hay determinados puntos que pueden molestarle o estar en desacuerdo pero justamente la obra va en ese plano, para que el espectador pueda repensarse desde ese lugar. Está claro que por ahí había mucha gente que era afín a lo que se estaba planteando por llamarlo de alguna manera es ese público cautivo. Aun así a nosotros nos interesa interpelar y creemos que el espectador desde ahí sentado en la oscuridad, tiene que estar activo para completar el espectáculo en relación a la competencia que cada uno tenga, al estrato social, a como se sienta, como esta viviendo y hasta la educación que haya tenido aparece.

Refiriéndonos a contextos y entendiendo en el momento que Andrés Binetti escribió la obra (2014), cuanto de realidad tiene la obra, cuanto hay del populismo, y de lo que se vivió con Cristina Fernandez.

Nosotros empezamos a trabajar en el 2015 sobre el boceto que tenía Andrés, reescribimos desde el texto en escritorio pero también desde los cuerpos; así en varias ocasiones hasta que Andrés dijo: “Bueno, está listo”.

Andrés no pudo ver la función hoy por cuestiones de tiempo, aunque sí vio ensayos, pero cuando vuelva a verla no va a ser la misma que vio antes, claramente.

Y en ese momento tenía que ver con una realidad que comenzaba a darse y que tenía que ver con recortes en función de la cultura desde el estado, algo que podríamos denominar populismo; pero luego cuando cambió el gobierno, todo eso que se vislumbraba se acrecentó. Se potenció ciento por ciento! Los programas para inclusión de capacidades diferentes fueron cerrando así como centros culturales por los altos costos de mantenimiento, por ejemplo el ballet de Iñaki Urlezaga, y la obra dice eso también, en el medio de una fiesta todos esos factores se fortalecen.

Estratégicamente sabemos que si aumentan los costos el teatro debe subir los precios de las entradas, pero como el espectador no va al teatro los costos no se pueden subir y los teatros empiezan a cerrar.

Había un actor que hacia uno de los personajes que después fue a ver la obra y nos decía: “cuando yo empecé a ensayar en el 2015 estaba Cristina pero después lo que pasó es que ganó Macri y claro, ahora sí veo todo lo que antes no veía”. Y nosotros incrementamos cada vez más algunos signos en la obra.

Nos interesa ser claros con lo que pensamos, si bien todo teatro es político nuestra intención es generar desde la contemporaneidad un estilo de teatro más explícito, los signos están pero con el matiz de lo contemporáneo, no somos Piscator (dramaturgo y director teatral del siglo XX, exponente inicial del teatro sociopolítico) pero tenemos elementos, como también tenemos elementos Brechtianos, entonces hay un cruce de eso con las estéticas contemporáneas.

¿De qué nos podría salvar el arte? Hay algo de esa idea en la representación.

Si nos salva de algo, no salva de tener la mayor cantidad de reflexiones propias posibles, a no repetir los discursos, no sentirse afectado por los relatos hegemónicos de los medios, sino verdaderamente empezar a tener un discernimiento para tener un pensamiento verdadero, propio, más auténtico. Pensar por sí mismo a partir de reflexiones individuales a eso nos llama el arte, “la cultura” por decirlo de alguna forma.

¿Por qué Furia patria?

Desde el 2007 venimos trabajando en equipo, pero en el 2010 nos establecimos como grupo, con la idea de trabajar premisas sociales. Con María Viau empezamos a pensar qué hacer. Viajamos a Mar del plata que es un lugar de turismo sexual pero está muy invisibilizado y presentamos una obra que hablaba sobre la trata de personas llamada “Muñecas rotas”, estábamos en el teatro Auditórium y ganamos algunos premios, desde ahí nos dimos cuenta de que este es el camino que tenemos que seguir. Ir y meternos con lo que nos tenemos que meter.

Por supuesto hay gente que no le gusta o que se siente interpelada pero es lo que nosotros pensamos y sentimos que es mejor, hicimos otras obras que con más o menos repercusión, mostraban desde sitios distintos una crítica al sistema imperante, por ejemplo el derecho a elegir sobre la propia vida. Así llegamos a “Furia patria” la mayoría de los actores se fueron sumando a medida que se fueron generando las obras anteriores. Y en el camino recorrimos muchos países, pero este espectáculo es el que más países y ciudades ha recorrido y con el que más público nos hemos encontrado quizás por la clave de humor. El humor algo que en el inicio no pudimos lograr por las diferentes temáticas o tonos en las obras que habíamos hecho antes, pero que con el tiempo y la experiencia hemos trabajado en reírnos de nosotros y cuestionarnos a nosotros mismos. Por supuesto que hay cuestiones de las que habla Furia patria con las que no coincidimos todos de la misma forma, pero está bueno porque esas temáticas tienen que ser representativas de la mayor diversidad cultural también.

La Furia patria fue Andrés, en el inicio se llamaba “Los funerales del teatro nacional” y después corrigió a Furia patria.

Es un título mucho más vivo.

Si es verdad, a partir de eso es como si volviésemos a creer en el teatro después del encuentro porque de hecho yo también soy muy crítico y creo que el teatro desde este lugar con un espíritu festivo y popular es una mezcla de conceptos yendo hacia la historia para recuperarla y atravesarla por lo actual.

Hay algún público al que vos le dirías: “No vengas”.

No, yo quiero que la vea todo el mundo, después veremos por donde salimos, porque hay cuestiones tan amplias y lugares a donde se llega a cada uno de diferentes maneras.

Ya con otro espectáculo que se llamaba “La herencia maldita” nos pasó que nos escribían personas que no podíamos creer que nos escribieran para felicitarnos, porque toda la estructura o la impronta que tenía esta persona no tenía nada que ver con nosotros y está buenísimo que eso pase. Lo importante es movilizar, si se moviliza algo la tarea está hecha.

¿Cómo percibís y vivís la escena del teatro argentino? haciendo referencia a esto que plantea la obra de que el teatro esta pobre, muerto, desatendido

Sí, yo pienso muchisimo en eso, de verdad pienso que el teatro está en crisis, es cierto que vos vas a leer que se estrenan mil obras de teatro en Buenos Aires por año o cada seis meses y que hay un montón de teatro, o qué sé yo si es verdad, pero ¿en qué condiciones ? ¿Cuáles son los lugares en los cuales el teatro está sucediendo?

El teatro se ve, pero por ejemplo sucede que se estrena una obra pero estamos todos tratando de llevar a nuestros amigos y conocidos, o pagándole a una prensa para que después te saque en tres o cuatro blogs y eso no suceda, o se llame a la gente de crítica que solo va porque quiere ver la obra gratis y ni siquiera escribe. Todo el sistema teatral está muy viciado.

De hecho se dice que todo el teatro es profesional y mucha veces sucede que los actores somos los únicos que no ganamos dinero, y somos los que hacemos el teatro. El dinero se gana alrededor pero no la gente que está haciendo. Si vos llamas a un escenógrafo claramente te va a cobrar o alguien te siga las cuentas, pero la gente que trabaja es la última que cobra. Entonces hay una gran crisis en relación a eso. El teatro independiente está comprándose un discurso que es el discurso del teatro comercial y está jugando con esas reglas, no desde lo que quiere decir sino desde el financiamiento, desde el lugar de como se sustenta. Ahora, desde el discurso es quien más se anima a decir cosas porque no tiene ningún tipo de compromisos.

Entonces está claro que hay una cierta libertad de discurso y aun así mucho teatro independiente también está queriendo ser condescendiente con el establishment para poder ingresar, porque no se puede estar tanto afuera, hay que ingresar. Y ahí ves un montón de gente muy talentosa tratando de hacer cosas solo para ingresar, solo para ser conocido y uno piensa ¿por qué? Y bueno después cada uno toma su propio camino.

Me gustaría decir otra cosa pero lo que pienso hoy mismo (que quizás en otro momento no lo hubiese dicho) es que hay una gran crisis y esto lo contrasto con todo lo que dije, hay un montón de gente haciendo teatro, hay un montón de gente queriendo actuar, formaciones, escuelas y demás. Salís a la calle Corrientes y decís: ¿alguien quiere actuar? Y todo el mundo: “si acá yo quiero” y repito sí hay gente muy formada en la materia.

Pero crees que ¿faltan discursos, o algo más genuino?

No, el discurso está, lo que me parece que falta es ser autentico… para mi perdió la autenticidad el teatro independiente, uh! esto último lo pensé ahora, pero sí es lo que creo.

Y como esperanza ¿qué nos queda? ¿Qué podríamos hacer como espectadores, como hacedores o constructores?

Modificar la realidad, eso es lo que nos queda modificarla desde todo punto de vista todos los que pertenecemos al circuito teatral, (de hecho nosotros tenemos una plataforma y estamos trabajando mucho en este sentido a partir de la gestión y lo pensamos todo el tiempo) a partir del trabajo en red.

Lo mejor que nos puede pasar es que nos juntemos de verdad, que hablemos y nos pensemos ¡pero nos repensemos de verdad! Sino hay como islas y cada uno trabaja de manera muy independiente, aislada. Uno piensa una cosa y otro hace otra.

Pero nosotros confiamos en que lo mejor que nos puede pasar, es juntarnos y decirnos las cosas que nos tenemos que decir, nos critiquemos por supuesto para poder crecer, para ver qué acciones tomar en conjunto, para modificar la realidad y eso es lo que estamos intentando hacer desde acá. Hoy estamos trabajando con Trillo, unas compañeras con las cuales estuvimos trabajando un tiempo y nos hemos encontrado en festivales y con ellas hemos estado trabajando y las hemos invitado,ahora ellas nos invitan a nosotros a participar de esta experiencia. Y es esto compartir. Confió en que si nos juntamos sin egoísmos y muy sinceramente tendremos mucho por hacer y ennoblecernos.

Hay algo en la obra referido a la violencia idiosincrática porteña que le pertenece a la capital misma, ¿qué pasa con esto?

Yo soy de un pueblo 500 kilómetros al sur de la provincia de Buenos Aires, tiene 10 x 7 kilómetros de superficie, es un pueblito muy chiquito, que se llama De la Garma en el partido de Adolfo González Chávez, ahí nos conocemos todos. Nos saludamos y la gente se enoja y te dice: “no me saludaste”, y yo digo “pero si te salude hace media hora” y te dicen: “bueno pero me volviste a cruzar me tenés que volver a saludar”. Es genial.

Y si, veo que la obra tiene estos personajes que tienen mucha violencia, están alienados queriéndose salvar de alguna manera, porque están respondiendo a un sistema que los está oprimiendo y están medio que “sálvese quien pueda”, de hecho están cumpliendo las normas de un sistema que hace tres años no se mueve. Aun así nadie sabe si detrás de esa cámara ese López existe o no existe. Sin embargo ellos siguen repitiendo este sistema, un sistema de normalización, un sistema de “Vigilar y castigar” del que habla Foucault, ahí hay algo que hace que estos personajes sigan siendo opresivos y hace que justamente no tengan la claridad de poder pensar para decir “no, ¿qué estoy haciendo con mi vida?”.

Nosotros estamos pensando en eso porque tenemos una red que se llama Corredor Latinoamericano de Teatro, somos fundadores de la red y una de las redes, es la red de audiencia, red que empezamos a hablar en su momento con Jorge Dubatti (universitario, crítico e historiador teatral argentino) que tenía la escuela de espectadores e intentamos repensar las audiencias desde cada lugar, porque creemos que la audiencia está en crisis y que es nuestra responsabilidad.

Por eso cuando nos propusieron hacer lo de mediación dijimos Sí! porque tiene que haber una renovación de espectadores, está bueno que suceda eso, sino el teatro se muere porque es repetir un teatro del siglo XIX para espectadores que les gusta ver ese. Pasa con los jóvenes que dicen: “No, si el teatro es eso, a mí no me interesa”.

De hecho el espíritu de la obra retoma eso de recuperar la fiesta del que nosotros pensamos es algo que puede llegar al espectador, ayer los pibes se reían mucho y eso es muy bueno, hay esperanza.

¿Tienen planificada una vuelta?

Nos encantaría pero de momento no, ahora seguimos en Buenos Aires por lo que queda del 2018, ganamos el premio Fauna de la Universidad Nacional de las Artes (la ex IUNA) y nos propusieron hacer funciones en la Usina del arte y vamos a estar ahí después para la sede dramática y para el 2019 tenemos programado algunos festivales por Brasil y Colombia. Pero vamos viendo, ojala podamos volver pronto.