Ni una sola nota

Diego Goldsztein toca el piano solo cuando quiere. El lunes quiso, y lo hizo en la Sala Zavala Muniz junto a Ramiro Flores en el saxo. Concierto íntimo, de improvisación jazzera para que los músicos disfruten, porque esa es la relación que tienen y quiere Goldsztein con la música. “Me gusta la musica, no la vida del músico”, dijo cuando explicó que ya era negociante antes de irse a estudiar música en Berklee, una escuela en Boston. No vive de sus discos, ni conciertos; sino que tiene una empresa que vende barbacoas a gas. Los martes toca en El Mingus pero ayer avisó que no iba porque no tenía ganas. Remarcó que a otros músicos le sorprende que él no toca ni un sola nota si no quiere.

El lunes sobre el teclado marcaba el ritmo con el pie y se arqueaba contras las teclas. Lo importante, dijo, era que lo disfrutaran los músicos. El primer y más exitoso de los tres discos que tiene editados Goldsztein es Jewish Standars. El único que salió a vender, y con cual se fue de gira. “Es un disco que funcionaba en eventos judíos porque son canciones que si fuiste a un colegio judío las sabés, es hasta hoy el disco que más le gustó a la gente.” Los demás, sin ningún tipo de interés comercial, ni de nicho, no corrieron la misma suerte.

Editó -en 2012- Baby Standars, un disco con canciones infantiles en clave de jazz que empezó a tocar cuando nació su hija Melanie. Fruto de priorizar la familia antes de la música y ejemplo de cómo vive Goldsztein las emociones: en notas musicales.

Melanie, Melu para él, fue la inspiración también de su último disco. Melu está dedicado a su hija y nace del duelo del músico frente a la muerte de la niña en 2015 en un accidente en bicicleta. “Después de tres o cuatro días me puse a tocar, me chupaba un huevo todo lo que me rodeaba”, dijo. El hecho lo llevó a conocerse mejor como persona. “Me sentía tan mal que necesitaba hacer algo para sentirme mejor y ese algo fue tocar el piano, lo que me salga”, dijo y recordó cuando de joven se murió un amigo y pasó un periodo sin tocar. “Cuando no te importa nada es una sensación increíble, te da libertad”. De esas sesiones catárticas nace este disco, disponible gratis online para cualquiera que quiera escuchar.

Luego del accidente de su hija le empezó a llegar dinero de comunidades judías en EEUU, “esa es la forma que tienen para reaccionar a algo así, también me pasó de tener proveedores que no me querian cobrar”. Con ese dinero empezó a organizar conciertos en hospitales para pacientes oncológicos bajo la idea de que la música tiene un poder curativo, o por lo menos tranquilizador. “La plata que me llegó no la precisaba, entonces pensé que esto era algo bueno que podía hacer”, dijo Goldsztein. Era importante para él que los conciertos en hospitales salgan bien, que los músicos se lo tomaran en serio porque los pacientes “se merecen un buen espectáculo”. Por eso sacó “del culo para afuera” a un violinista que no le importaba tocar afinado o desafinado.

“Me siento músico, no me importa ponerle etiquetas”, me dice desde su oficina y cuelga el telefono porque tiene que estar en una reunión.

Mateo Peri