Ahora nosotras

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Entrando a la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís, nos encontramos inundadas por un humo blanco que invadía la sala y el fuerte oír de cantos gregorianos. Comienza la obra y  la actriz Fabiana Fine, primer actriz transexual en actuar en el Teatro Solís, aparece en la escena vistiendo un vestido bordó, cinto dorado a la cintura, tacos negros en punta y un moño bien ajustado en el cabello, haciéndose llamar Jesús de Nazareth.

Comienza el monólogo, comienza el sermón, continúan las historias, y la comunión. Un texto estimulante y lúdico, repleto de metáforas, paralelismos y hasta de humor. El texto escrito por Jo Clifford señala que el Nuevo Testamento no sentencia a las personas homosexuales, sino a los santurrones y a los hipócritas, a aquellos que se sienten virtuosos y juzgan a los otros, a aquellos cuyos labios parecen estar llenos de bondad, pero sus corazones repletos de odio”. El género gramatical que inunda el texto, es el femenino, en tanto se refiere continuamente al público como nosotras, como todas, como las… vuelca la tradición verbal masculina hacia un femenino omnipresente.

Con simpleza en la escenografía, con la tenue luz de las velas, con el termo y el mate, El Evangelio según Jesús, avanza con un ritmo austero intentando lograr un equilibrio entre lo espiritual, lo teatral y lo íntimo. Pese a la interacción del guión buscando la incorporación público, con preguntas y con encuentros materiales, no se termina de lograr la complicidad deseada.

La elección de la sala en la que se presentó, no permitía que todo el público pudiese ver por completo las escenas, muchos de los espectadores decidieron pararse al costado y por detrás de las butacas para así poder contemplarla. Esto me llamó la atención dado que en un primer momento no podía diferenciar si era el público o si ellos eran parte del elenco y estaban por realizar alguna acción.

A su vez, la performance de la actriz presentaba ciertas inconsistencias entre lo que decía su voz y lo que decía su cuerpo, un cuerpo de a momentos muy rígido. Por otra parte, percibí cierta subestimación del público por parte de la actriz. En un momentos ella parte el pan y lo comparte entre las primeras filas de espectadores, aclarando innecesariamente que el mismo estaba para compartir y pasar a quien se tuviese al lado.

La incorporación del mate a la escena para el contexto uruguayo en el que se presentó, fue sin duda un gran acierto, aunque no presentó un hilado fino gracias a la incongruencia entre el discurso de comunión y la carencia del gesto de pasar el mate y compartirlo con otros. Esta falta detallista pero esencial puede haber sido deliberada, como puede haber sido una deficiencia en la investigación del elemento incorporado por parte del equipo. De todos modos, destacamos este gesto porque en él se refleja una postura ideológica contundente que hace a la concepción del hecho artístico como un proceso inacabado que implica diversas reescrituras para propiciar el diálogo con el contexto donde se va a manifestar. Si bien es probable que haya faltado pienso en esta reescritura escénica de incorporar el mate, se vislumbra una postura que nos parece muy agraciada y de la que creemos que el  FIDAE debería centrarse para incentivar un espacio donde los creadores repensarán su creación en relación al contexto específico con el que dialogan, que es Uruguay.

La intertextualidad de esta obra genera un tejido denso donde se tiene muy presente que al texto lo hace el contexto, generando una lectura contemporánea de una obra religiosa, pero sobre artística que se suele ver con un nefasto anacronismo que evade los paradigmas por los que la humanidad ha pasado desde su escritura prima hasta el momento. La resignificación es necesaria para que se perpetúe la vigencia de toda creación, que dada la trascendencia, dialoga quiera o no con una realidad que lo excede y contiene a la vez. El leer e interpretar la biblia desde el posicionamiento queer le otorga una perspectiva política reivindicativa que elude el panfleto porque es en sí misma una gran acción política. No puedo dejar de linkear esta obra con “Eva Perón” del franco argentino Copi, quien plantea que ese personaje sea interpretado por un hombre, abordando la estética y ética trans sexual y por ende trans política.

La ira y el pesar son el cimiento de la obra, sin embargo, en vez de tomar un lugar de aflicción, se utilizan como base para transmitir la esperanza de un futuro en la inclusión y en la diversidad, ya que todo dolor surge del amor, pero también del arraigo a una estructura social que enajena, genera e impide que esa herida sane, pero que como toda construcción, puede ser deconstruida a fuerza de pensamiento crítico y acción en relación a este. No hay nada más político en lo humano que el cuerpo y el lenguaje, y esta obra logró abordar estas dos esferas vinculándolas a través de mostrar que se puede militar con el cuerpo y el lenguaje, y que en la estética hay ética.

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